Volver a la página principal Adicciones y sexualidad

Abraham aborda el estudio de las adicciones, interesándose por las relaciones psicológicas entre la sexualidad y el alcoholismo. Se interesa por la actitud que tienen los hombres y las mujeres hacia el alcohol.
Su mirada apunta, en primer lugar, a la observación de la conducta social, comprobando que la bebida en el sexo masculino es considerada un signo de hombría, mientras que en las mujeres el uso de alcohol es considerado un signo poco femenino.
Para Abraham esta diferencia entre los sexos tiene sus raíces en diferencias sexuales, por lo tanto la investigación que realiza se basa en el desarrollo psicosexual del individuo.

Establece que al arribar a la madurez, tanto en el varón como en la mujer se producen transformaciones fisiológicas propias de su sexo, y en la esfera psicosexual comienza el proceso de búsqueda del objeto. La sexualidad femenina muestra una marcada tendencia a la represión, que es reforzada en la pubertad, mientras que la libido masculina es de un carácter más activo y tiende a superar mediante sus componentes agresivos las resistencias psíquicas de su objeto sexual.
El instinto sexual incluye, además del amor heterosexual, impulsos perversos que Abraham denomina instintos componentes; éstos caen bajo la represión y la sublimación y de ellos surgen sentimientos como la repugnancia, la verguenza, etc, que hacen posible la vida social del individuo. El alcohol actuaría suprimiendo las inhibiciones mentales y debilitando la represión y sublimación de estos impulsos perversos.

También son sublimados los componentes homosexuales del instinto sexual, produciendo entre los hombres sentimientos de amistad y camaradería libres de toda sexualidad consciente. Esto produce que el hombre de sentimientos normales rechace todo contacto físico que implique ternura con otra persona de su mismo sexo, ya que esto le produce asco y repugnancia. Bajo los efectos del alcohol se produce una suspensión de esos sentimientos y los componentes homosexuales que fueron suprimidos y sublimados se hacen evidentes.

Otros instintos componentes son el par activo-pasivo, donde uno impulsa al individuo a dominar a su objeto sexual y el otro a someterse; éstos también son sublimados dando lugar a sentimientos de piedad y horror. Si la sublimación de estos instintos no se lleva a cabo se producen las perversiones del tipo sadismo y masoquismo. También el alcohol actuaría en la persona suprimiendo la represión y sublimación de estos impulsos, haciendo que sea capaz, en estado de intoxicación, de cometer actos brutales.

Abraham establece que el alcohol actúa en el hombre estimulando su complejo de masculinidad, llevándolo a asociar sus proezas alcohólicas con las sexuales. Esto lo relaciona con el período de la pubertad donde se bebe para que los otros comiencen a mirar al varón como un hombre.
En relación a la mujer, Abraham piensa que la naturaleza de su constitución psicosexual le impone un grado menor de ingesta de alcohol, debido a que su instinto sexual se caracteriza por ser más pasivo y la resistencia contra sus impulsos es mayor. A la vez la mujer, según el autor, tiende a atraer al hombre por sus resistencias y el hombre le agrada por su iniciativa. Esto lo lleva a la conclusión de que si la mujer bebiera alcohol en exceso suprimiría los efectos de la represión y ya no estimularía al hombre. A partir de su experiencia clínica, afirma que las mujeres que se inclinan fuertemente por la bebida poseen un marcado componente homosexual.

Se refiere al alcoholismo crónico, cuadro en el que no sólo son crónicas las remociones de los efectos de la represión, sino que también se reduce su real capacidad sexual llevándolos a quedar impotentes. Estas personas, afirma, difícilmente abandonen el alcohol ya que lo identifican con la sexualidad y lo utilizan como un sustituto de ella.
Menciona los cambios morbosos que se dan en la mente del alcohólico y destaca los celos que llegan a convertirse en obsesivos. Los atribuye a un sentimiento decreciente de su potencia. El bebedor por medio del alcohol obtiene placer sin molestias. Deja de lado a las mujeres y se dedica al alcohol, produciéndole un efecto penoso en su autoestima que reprime desplazando su sentimiento de culpa por su infidelidad. Esto le permite a Abraham reconocer una relación entre el alcoholismo, la sexualidad y la neurosis.

A partir del estudio del alcoholismo se interesa por otros tipos de adicciones como el uso de morfina, estableciendo también una relación entre la sexualidad y el uso de narcóticos.

Por comunicaciones verbales de colegas, sé que en los casos de morfinomanía el psicoanálisis ha demostrado la existencia de inesperadas relaciones entre la sexualidad y el uso de narcóticos. Pareciera que la droga evoca en ciertas personas histéricas una excitación sexual, que debido a su peculiar constitución psicosexual, se convierten en síntomas psíquicos y sentimientos de ansiedad.

Abraham considera que los factores externos no son suficientes para explicar la embriaguez, sino que también deben ser investigados los factores individuales. Y postula al método psicoanalítico como el procedimiento más apropiado para el análisis del alcoholismo, siempre que el psicoanalista tenga en cuenta las mencionadas relaciones entre alcoholismo y sexualidad.

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