Biografías
Coordinado por Ricardo Bruno
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Mauricio Abadi
por Benjamín Resnicoff

[psicoan.](nació en 1917, en Damasco, Siria) Siendo pequeño, su familia se instala en Milán, allí realiza sus estudios y recibe una sólida formación humanística. En 1935 emigra a Buenos Aires, donde estudia medicina y donde se incorpora al movimiento psicoanalítico argentino, por entonces incipiente.

Habrá que comenzar enumerando y/o comentando sus múltiples publicaciones, sus aportes al pensamiento psicoanalítico, ricos, valiosos y variados. Se podría hacerlo relatando su actuación institucional. Fue presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina en 1977-78, momentos críticos y difíciles, ya instalada la dictadura militar que sería conocida como "El Proceso". Había colegas desaparecidos, otros torturados, amenazas de intervenir la APA. Además, en 1977 se concretó la escisión por la que surge la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA). Todas estas vicisitudes hicieron que la gestión de Mauricio fuera especialmente difícil. Habrá que hacer referencia a su paso por la docencia universitaria. Fue profesor titular de una cátedra en la carrera de psicología en la Universidad de Buenos Aires. Allí enseñó psicoanálisis, sus alumnos apreciaban mucho su claridad expositiva y su sentido del humor lo que le aseguraba éxito de público. Sus clases estaban siempre muy concurridas y esto le resultaba muy placentero.

Se podría comentar su frecuente presencia en los medios de comunicación (radio, TV); donde también ejercía una forma de docencia difundiendo el psicoanálisis, ya sea su utilidad terapéutica o su particular manera de considerar la realidad humana. En algún momento su presencia en los medios fue casi cotidiana; programas informativos o de interés general lo convocaban muy frecuentemente para interrogarlo a veces sobre temas específicamente psiquiátricos, otras veces sobre cuestiones de interés general que circunstancialmente estaban instaladas en la sociedad argentina como pudo ser en su momento el tema del divorcio. Poseía un cierto carisma y la facilidad de expresar en palabras simples y elegantes cosas complicadas. Salía airoso de trances difíciles; todo esto lo llevó a convertirse en un personaje conocido por el público argentino. Yo diría que adquirió un cierto halo de voz oracular. Era visto no solo como "experto en salud mental" sino como opinión responsable y válida en "cosas de la vida". En televisión llegó a conducir su propio programa, uno de corte cultural; donde participaron escritores, filósofos, historiadores, etc. También creó, en la TV un ciclo especialmente atractivo en el que un experto en algún autor (Nietzsche, por ejemplo) era invitado a representarlo y un panel de notables interrogaba a dicho autor sobre aspectos de su vida, de su obra o de su época.

Uno de los rasgos más que le son mas propios es su gran sentido del humor, se diría que esta es una de sus características más distintivas, era capaz de reírse incluso frente a la adversidad; y sobre todo hacerlo de sí mismo, no se tomaba demasiado en serio, a pesar de tenerse alta estima. Persona de trato fácil aunque a veces un poco esquiva; quienes le estaban próximos sentían que podían contar con él en situaciones difíciles. Estimulante y permisivo con las iniciativas de los otros, les ayudaba a sacar lo mejor de sí mismos. Todo lo que emprendía lo hacía con gran placer "si no puedo poner mi libido en eso prefiero no hacerlo" lo escuché decir alguna vez, toda iniciativa suya tenía siempre un componente lúdico, a la manera de un niño grande, a quien le gustaba jugar, ensayar, experimentar; disfruta mucho del aplauso y del lucimiento personal. Jugaba en la TV cuando invitaba a personajes que jugaban a ser Freud o Jung o Heidegger; su campaña por la presidencia de APA, sus rivalidades políticas dentro de la Institución, tuvieron para él mucho de competencia deportiva.

Su interés por lo lúdico era tal que también le despertó inquietudes teóricas; escribió sobre el jugar (1964) y el juego (no en el sentido de la técnica del juego utilizada por los analistas de niños), sino sobre el significado inconsciente de esta actividad y de lo que implica en el desarrollo y en la cultura, agrupó y clasificó los distintos tipos de juego y sus significaciones. También el humor despertó su interés ("Teoría del chiste" y "Hedoné", 1982); creía en su capacidad curativa; compartía con Winnicott la idea de que el psicoanálisis es el juego mas sofisticado del siglo XX y en la importancia de la creatividad para dotar de sentido a la existencia. Fue de los primeros en Buenos Aires en explorar las posibilidades terapéuticas del psicodrama psicoanalítico que es otra forma sofisticada de juego. Siempre mantuvo actitudes y opiniones muy independientes; no adhirió ni perteneció a ninguna ortodoxia ni a escuela psicoanalítica alguna, se consideraba a sí mismo un francotirador, esto hace que en sus escritos las referencias bibliográficas a otros autores psicoanalíticos es en general escasa, casi sus únicas citas se refieren a Freud. En cambio menciona a muchos filósofos, escritores, historiadores, y alude a los mitos. Más fiel al espíritu del maestro (Freud) que a su letra, de la que frecuentemente aunque no siempre se apartó. Solía decir, citando a Whitehead, que las ciencias que permanecen muy dependientes de sus fundadores no progresan.

Esta independencia de criterio lo llevó muchas veces a enfrentar situaciones conflictivas frente a quienes sostenían posiciones más conservadoras y menos innovadoras que las suyas, por ej.: ensayó junto a otros colegas el uso de agentes psicotrópicos (ácido lisérgico) en psicoterapia con la esperanza de que esto facilitase el acceso al material reprimido. (Poco después se prohibió el uso terapéutico de estas drogas y casi simultáneamente, pero con independencia, Abadi afirmó que no se advertían sus ventajas). En APA se pensó que este proceder era contrario a una conveniente ortodoxia psicoanalítica. A comienzos de los 60. el psicoanálisis despertaba en Buenos Aires curiosidad e interés. En esas circunstancias hizo su primera aparición en las pantallas de televisión. El programar era auspiciado por Claudia, una revista femenina, y se llamaba "Claudia mira la vida". Excelentes actores ponían en escena personajes conflictuados, en difíciles situaciones de pareja o de familia. Luego Abadi ensayaba la comprensión psicoanalítica. El programa era excelente, se había logrado un alto nivel de seriedad en lo que se presentaba; el nivel de las intervenciones del analista que eran claras y comprensibles. En APA, esta iniciativa produjo cierto malestar; se pensaba que el psicoanálisis no estaba suficientemente consolidado por entonces en la sociedad argentina como para soportar una exposición pública de esa naturaleza, esta situación podría eventualmente desgastarlo prematuramente al generar polémicas que lo dañarían.

Pero Abadi no era una oveja más en el redil.[1][1][1] Como dijimos, no practicó ortodoxia alguna. Aceptaba otras realidades, fuera del consultorio. Pensaba que el psicoanálisis es un instrumento privilegiado para la exploración de la "otra realidad" (la del inconsciente) y que esto, precisamente, no lo ata a la clínica, que ni siquiera es su aplicación privilegiada, imbuido como estaba, muy imbuido, de la muy freudiana idea de que el psicoanálisis está más próximo a las humanidades que a la medicina y que la sociología, los mitos, la historia, la filosofía, antropología, el humor, etc., eran campos tan apropiados para el estudio de esa "otra realidad" como la clínica. De manera que su producción bibliográfica no se limitó a temas de teoría o de clínica sino que abundó en enfoques humanísticos. Sus escritos, en especial los de los últimos tiempos, están redactados a la manera de ensayos (Montaigne era uno de sus autores preferidos, también por la claridad de su escritura). En estos artículos, un tema específico es abordado desde distintas perspectivas: filosóficas, históricas, epistemológicas; estas perspectivas no podrían estar ausentes en estos trabajos dada la naturaleza de los temas que aborda (el tiempo, la realidad, el mito, la historia), pero a pesar de este multienfoque nunca pierden su condición de psicoanalíticos, el abordaje psicoanalítico predomina en ellos y las conclusiones de fondo a las que arriba son impensables fuera del psicoanálisis que provee las herramientas intelectuales idóneas para el procesamiento de fondo de los temas. A propósito del comentario del párrafo anterior (que sus trabajos son ensayos tratados desde varias perspectivas) comentaré un hermoso escrito sobre el Tiempo publicado en la Revista de Psicoanálisis de APA que ilustra la fructífera convivencia, en estos escritos, entre el psicoanálisis y otros enfoques; en el mismo se discute la naturaleza del tiempo de acuerdo a distintas concepciones: científicas (Einstein, Newton) filosóficas (Kant, Hegel, el río de Heráclito, Heidegger, San Agustín), tiempo biológico; y se concluye analizando las categorías que sobre el tiempo están incluidas implícita o explícitamente en psicoanálisis (Nachtraglickkeit, eterno presente del inconsciente, regresión, el tiempo de la ausencia etc.) Luego examina fantasías inconscientes conectadas con el tiempo como el miedo a la muerte; finalmente se pregunta-contesta[2][2][2] el tiempo podría no ser más que una ficción con una apariencia de una estructura en las que las huellas mnémicas y los deseos se enhebran de tal manera que entretejen el concepto y/o fantasía de temporalidad y si tal vez la verdadera cuestión no reside en que el tiempo es una ficción de "ser" como opuesto a "nada", "vacío", "no-ser". También es enjundioso su aporte a la noción de "construcción psicoanalítica" [poner la fecha].[3][3][3] Abadi ubica las construcciones entre el mito y la historia. Postula una posible coincidencia entre la historiografía y el método psicoanalítico; en ambos de lo que se trata no es de la búsqueda de una supuesta verdad material sino más bien de un sentido que es siempre mítico, ilusorio. El objetivo de la construcción es rescatar la historia mítica expresada en el síntoma y reemplazarla por otra que mienta menos y sirva más. No hemos hablado todavía de su multilingüismo, hijo y padre de su multicuriosidad. Con Susan Hale Rogers publicó Reality and/or Realities. En uno de sus capítulos discurre sobre la memoria. Sólo puede ser entendida, sostiene, como la elaboración de un duelo; un intento de evocar el objeto ausente (Proust) presentificándolo. La forma del recuerdo es la de una narrativa, no una fotocopia de una escena, es algo narrable, secuencial con predominio sintagmático.

De sí mismo decía Abadi que era un pensador no sistemático, que se había ocupado de muchos temas centrales del psicoanálisis y que había propuesto muchas ideas originales pero sin que el conjunto de sus trabajos constituyese un cuerpo doctrinario, coherente y ensamblado, un sistema de pensamiento, a lo que por otra parte era no era afecto, pues, pensaba que eso facilitaba los dogmatismos; y que la realidad era demasiado diversa como para ser atrapada en un sistema coherente y ordenado. Incluso lo escuché abogar por un "psicoanálisis caótico", y algo escribió al respecto, pero hasta donde sé lo dejó inédito. conciliador por una vez. Cito algunos párrafos: "La calificación de caótico para el psicoanálisis que a mí me gusta, me interesa y me parece creíble, apunta a la idea de un conjunto de descubrimientos, cuyo impacto, no solo en la medicina, sino en el de la cultura contemporánea, nadie puede razonablemente negar. ¿Psicoanálisis caótico? ¿Qué es eso? Pues un puñado de verdades muy probables, por no decir ciertas, que yo tiraría desordenada y caóticamente sobre la mesa valorándolas en cuanto tales. Sin preocuparme para nada de la coherencia o de las articulaciones lógicas que puedan inventarse entre ellas. [...] Descreo -‘son años’- de los esquemas supuestamente racionales, de los ordenamientos, estructuras, armazones, estanterías, construidas para ofrecer un albergue, ni siquiera transitorio, sino con pretensión de estable y definitivo, a verdades que no lo necesitan. [...] Háblenme del complejo de Edipo, de la sexualidad infantil, de los significados inconscientes. De la transferencia. Del maravilloso proceso del ‘darse cuenta’ gracias al estímulo de una interpretación o de cualquier otro estímulo verbal. Háblenme de los síntomas que hablan y dicen cosas. De la conducta, como discurso preñado de sentido [...] Creo que las teorías psicoanalíticas (no excluyo para nada ni siquiera al mismo Freud y a ciertas elucubraciones de la metapsicología) tienen puesta demasiada atención en el encadenamiento lógico y en la postulación de coherencia. [...] Gritemos a voz en cuello: ¡Vivan los –desafortunadamente pocos- conocimientos que hemos sabido trabajosamente arrancar a nuestro enigmático universo y sustraer al des-conocimiento del que quiere ‘no saber’". O sea que el psicoanálisis es un conjunto de verdades sueltas y las articulaciones que se han intentado hallar entre esas verdades en busca de un sistema coherente no siempre han resultado en una ganancia. Psicoanálisis es ese conjunto de herramientas intelectuales que permiten develar ciertas verdades ocultas en el alma humana, útiles en la clínica y que no necesitan sistematización.

Los aportes de Abadi al pensamiento psicoanalítico son numerosos: es autor de una rica y variada bibliografía, ha escrito sobre diversos temas del psicoanálisis, gran parte de sus escritos aparecieron en forma de artículos en la Revista de psicoanálisis de la APA Mencionemos: Psicoanálisis, recorte y montaje (1982), El psicoanálisis y la otra realidad (1982) Rodríguez Peña esquina Independencia [nombres de la calles en que estaban ubicadas la APA y la Facultad de Psicología]. Sin embargo, su trabajo de envergadura, tal vez su obra predilecta, es Renacimiento de Edipo (1960). Abadi no refuta la versión freudiana del Edipo, pero piensa que el triángulo no se agota, no se limita a parricidio e incesto; él cree que otros dramas se juegan críptica y simultáneamente en la situación, que no fueron advertidos por Freud; pero que tienen peso y que al ser tomados en cuenta enriquecen la teoría y aumentan las posibilidades de comprensión en el trabajo clínico. Uno de los puntos de partida de sus ideas es la descripción de los actores del drama en términos de roles, no de personas involucradas, estos roles son complementarios y están en conflicto entre sí; son los roles: materno, paterno y filial o como también los denomina: el rol retentivo, desempeñado por la madre pero no únicamente por ella, el rol extractor, protagonizado por el del padre, que oficia de partero, que extrae al hijo del interior del vientre retentivo (en sentido metafórico) de la madre y el rol del hijo, que es quien que quiere liberarse de los que pretenden mantenerlo cautivo. Lo que motoriza la situación, lo que está en el origen de esta es la intersección de dos frentes de lucha que se dan simultáneamente: la generacional, es decir la que mantiene el hijo contra los padres, por su liberación, la que expresa su deseo de nacimiento, de separación de quienes intentan retenerlo, la madre o los padres retentivos y la lucha de los sexos, es decir la que mantienen ambos padres entre sí, lucha que tiene por objeto disputarse la posesión del hijo; posesión que implica para los padres fantasías de supervivencia, de inmortalidad, poseerlo es perpetuarse en él, defensa contra la ansiedad de muerte y contra la soledad (fantasía de retenerlo para siempre, fantasías de embarazo eterno). El hijo lucha por independizarse, separase, individualizarse, advenir como sujeto de deseo, su lucha es por su libertad, por el acceso a su vida propia. El hijo se siente tironeado entre dos alternativas: permanecer en el adentro del ámbito materno, fantasía de embarazo eterno, quedar encerrado en el narcisismo primario de la relación dual, donde rige un eterno presente que implica anular el paso del tiempo, evitar la muerte o emigrar al afuera, que es vivir, devenir sujeto, pero esta eventualidad implica aceptar el paso del tiempo y por ende la muerte. Adentro (de la relación con la madre- metafóricamente, en su vientre) se siente seguro protegido y acompañado, pero sin libertad, sin vida pulsional; optar por el afuera, por la vida extrauterina, implica libertad, pero también soledad, desprotección, aceptar el paso del tiempo. El rol filial es una polarización constante: el adentro o el afuera; la madre o el padre, dependencia o libertad. En este interjuego entre los roles, cada uno puede ser alternativa o simultáneamente jugado por cualquiera de los tres vértices del triángulo está sustentado por el interjuego de las tres posiciones: adentro intrauterino, prenatal, afuera extrauterino, postnatal y el proceso de mudanza, intranatal, el parto. A cada una de estas posiciones corresponden fantasías básicas, angustias arquetípicas: encierro en una prisión que también es refugio; afuera que es libertad pero también soledad y desamparo y miedo a la mudanza con los peligros inherentes a la situación del parto. Fantasía de embarazo eterno en la madre, rol de partero-separador en el padre, deseo de nacimiento y libertad en el hijo. Pero el deseo de apoderamiento del hijo por el padre podría llevarlo a que éste (el padre) adoptara el rol materno, es decir retentivo, el hijo tiene deseos de nacer, pero miedo al cambio y a la soledad del afuera, anhela la ayuda del padre para liberarse pero teme caer en otro encierro (que el padre asuma el rol retentivo), siente protoculpa frente a su deseo de nacer, violentar un nacimiento impedido, abandonar es matar a la madre. Esta pauta o estructura se repite a lo largo de la vida donde permanentemente nos volvemos a encontrar con situaciones que nos resultan aprisionantes, encerrantes, de deseo de escapar, pero de miedo y culpa frente al cambio, con miedo a lo nuevo, al afuera, al desamparo. El nacimiento, es una metáfora, un modelo conceptual inspirado en ese contexto, el del nacimiento independientemente del grado de verdad fáctica o realidad biográfica que subyacen a ese modelo; es un contexto paradigmático, ilustrativo, que sirve para ubicar las distintas fantasías posibles en el triángulo y los diferentes roles.

Desde 1952 hasta 1960 publicó trabajos clínicos, algunos sobre psicosomática (obesidad, etc.), otros sobre psicopatología, en especial se ocupó de la melancolía y la manía, sobre todo, trató de dilucidar el autorreproche melancólico que es el síntoma nuclear de esa psicosis. "El Espacio de la Magia" (1960) y una aproximación a la comprensión de los delirios (1957) fueron trabajos dedicados a la comprensión de otras afecciones psicóticas. En el rubro mal llamado (según Abadi) "psicoanálisis aplicado" citemos un muy interesante trabajo sobre Dante y La Divina Comedia (1961) en el que se aplican algunas de las ideas expuestas en Renacimiento de Edipo. (Por él fue invitado a Italia para participar en una conmemoración del Alighieri). Se ocupó también de Dioniso y el culto dionisíaco (1952). En 1959, escribe "El grupo psicoanalítico como sociedad secreta", es uno de ellos y "El coro y el héroe", trabajos sobre el rol del psicoanalista como terapeuta y como sujeto de la cultura. "Hacia un psicoanálisis abierto" (1961) insiste en esos temas. Entre 1976 y 1983 vuelve sobre Renacimiento de Edipo, lo enriquece y complementa. El término renacimiento, aclaremos, alude a la presencia de fantasías en el niño de un segundo nacimiento esta vez desde el padre, como en el mito de Dioniso quien renace del muslo del Zeus, luego de haber sido arrebatado del vientre materno e insertado por éste en su propio muslo. Véanse "El significado inconsciente del rol del padre" (1976), "Meditación sobre (el) Edipo" (1976) y "Contribución al estudio del complejo de Edipo" (1983). Citar toda su obra sería interminable, por lo que mencionaremos solo algunos tópicos más sobre los que se ocupó y sobre los que adelantó propuestas interesantes e innovadoras: narcisismo ("Yo me amo, porque me amas tú a quien yo amo", 1984), "¿Deseo edípico o mandato endogámico?"; transferencia ("Pulsión de muerte o muerte de la pulsión"); interpretación (varios artículos), qué es la cura y cómo cura el psicoanálisis.

¿Era un ecléctico? ¿Un iconoclasta? Te quiero...pero es una especie de ensayo, destinado no sólo al gran público, sobre el amor, el sexo, la relación de pareja. Deseo, luego existo son conversaciones, reportajes, diría, con Gloria Gitaroff. Tiene mucho de autobiográfico, contiene respuestas sobre el amor, la pasión, la naturaleza del psicoanálisis, etc. Y una biografía de Mauricio Abadi no puede sino terminar así, abierta.

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