Biografías
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Luis López Ballesteros y de Torres
por Ricardo Bruno

Cuando en 1974 comenzaron a aparecer los primeros volúmenes de la traducción de José Luis Etcheverry 1, uno de los efectos que produjo fue recordarles a los psicoanalistas y a los lectores de Freud algo no tan obvio como parece: Freud no escribía en español. Ahora el lector compara y elige. Mejor dicho, se hace cargo de que eso no es exactamente Freud sino una versión. Quizá en francés y en inglés no se tenga la misma oportunidad para darse cuenta.

Nada se sabe del clima en que escribió López-Ballesteros hacia 1922. Apenas se sabe que tradujo para el exigente Ortega y Gasset y para distintas editoriales libros de grandes filósofos. Nada se sabe tampoco de un tal Rey Ardid, quizá una invención legal para sustituir a Ludovico Rosenthal. 2

A Etcheverry, en cambio, tuve el gusto de conocerlo y de editar, para la Revista de psicoanálisis, algunas traducciones suyas. Pero sobre todo disfruté muchas de sus traducciones literarias, espontáneas, graciosas. Nunca le dije mis opiniones sobre su traducción, que hasta hace poco eran meramente hedónicas, con ese capricho que siempre tiene el hedonismo.

Pero un día, reescribiendo un artículo sobre Ángel Garma, recordé unas líneas escritas por Freud en Lo siniestro.

"El psicoanalista no siente sino raramente el incentivo de emprender investigaciones estéticas, aunque no se pretenda ceñir la estética a la doctrina de lo bello, sino que se la considere como ciencia de las cualidades de nuestra sensibilidad. La actividad psicoanalítica se orienta hacia otros estratos de nuestra vida psíquica y tiene escaso contacto con los impulsos emocionales –inhibidos en su fin, amortiguados, dependientes de tantas constelaciones simultáneas– que forman por lo común el material de la estética. Sin embargo, puede darse la ocasión de que sea impelido a prestar su interés a determinado sector de la estética, tratándose entonces generalmente de uno que está como a trasmano, que es descuidado por la literatura estética propiamente dicha."

Y al leerlo creí entender, por fin, otra obviedad. El psicoanálisis es una talking cure y los escritos psicoanalíticos se juega en la letra, en "determinado sector de la estética".

¿Es casual que Freud obtuviera un premio en Literatura? ¿Es casual que aprendiera español para leer el Quijote? ¿Es casual ese afán por leer el Quijote?

Me volvió a llamar la atención una frase de Etcheverry: "la mencionada insuficiencia de la versión de López-Ballesteros llevó a que muchos especialistas utilizaran en nuestros países la traducción inglesa".

¿Está acaso libre de insuficiencias la versión de Strachey que compensen el leer en lengua no-materna? Tengamos en cuenta que, como dice el vulgo, la traducción Etcheverry es la traducción Amorrortu. Y Amorrortu hace su edición después de un convenio con Hogarth Press y su Standard Edition.

Toma de allí, entre otras cosas, un valioso aparato crítico, que se volvería si no obsoleto innecesario con la aparición del primer CD de Freud, una realización de Pedro Horvat.

Digamos mejor que los psicoanalistas argentinos habían viajado mucho a Inglaterra para formarse con Klein y los kleinianos. Y entonces estaban familiarizados con la versión inglesa.

Biblioteca Nueva no cuidó nada la hermosa traducción de la que era dueña. Incluso tuvo la irresponsabilidad de avalar un traductor inexistente (Rey Ardid). Su mejor aporte fue alivianar la pesada traducción de dos volúmenes primero en tres y luego en nueve. Sin embargo los 24 de Amorrortu son mucho más cómodos.

Casi enseguida fue transformándose en la versión oficial, favorecida por la costumbre de los grupos de estudios de leer el texto en clase en vez de traerlo leído.

Pero al mismo tiempo, el auge de Lacan y los lacanianos hizo que Freud ocupara el lugar de un clásico, al que todos respetan, algunos citan pero pocos leen.

Freud es un clásico. Y todos los clásicos tienen muchos traductores y hasta estudiosos que comparan versiones.

Comparto bastante una afirmación de Etcheverry sobre el secreto de su antecesor:

"le sobra gracia, pero le falta rigor. Y esto último es lo que hoy exige el auge de los estudios psicológicos en los países de lengua castellana"

Ni López ni Etcheverry están vivos, y entonces estamos solos para argumentar. Pienso que los errores son subsanables y que el rigor es adquirible, mientras que la gracia es innata. Se tiene o no se tiene. López la tiene.

Y no se trata del "auge de los estudios psicológicos" sino de la supervivencia de la transmisión psicoanalítica.

Ricardo Bruno

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