Biografía

HENRI EY

Dr. Eduardo Luis Mahieu (Córdoba, mahieu@onenet.com.ar)
Dr. Eduardo Tomás Mahieu (París,
mahwin@club-internet.fr)

 

En el Vallespir de la Cataluña Francesa

Nacido con el siglo, el 10 de agosto de 1900, Ey representará la psiquiatría de este siglo. Vio la luz en Banyuls-dels-Aspres pequeño pueblo del sudoeste de Francia en el Pays catalán del Rousillon, tierra de viñas y de vinos, recostada sobre los Pirineos orientales, y la frontera española, acariciada por las eternamente azules aguas del mediterráneo, y de donde también eran originarios Pinel, Esquirol y Magnan. En ella cursó sus estudios primarios y secundarios, y allí nació en su infancia su vocación por la psiquiatría, como él lo relata, emocionadamente, en la primera página de La notion

"... Cuando era niño y bajaba desde la montaña a Céret, encontraba un hombre extraño que todo el mundo llamaba "loco"; como a todo el mundo me impresionaba lo extraño de su apariencia. En un medio cultural como aquél, el del Vallespir, era presa de la angustia y el miedo... Aquélla era la imagen a la que me refiero hoy para hablar de esquizofrenia, esta imagen impregnada de enigma fantasioso y fantástico que, durante toda mi vida he tratado de comprender…"

A ese terruño amado regresaría después de su retiro, en 1971, para morir, el 8 de noviembre de 1977 en la misma vieja casa solariega de su familia de viticultores donde había llegado al mundo, y desde cuyo jardín se divisa la nevada cumbre del Canigou, la montaña sagrada de los catalanes. El alma de la raza de esa tierra, alternativamente ibérica y francesa a lo largo de la historia nos revela la clave de su amor por España y lo español; por la tauromaquia que lo impulsó a tentar el ruedo en su juventud; por Lain Entralgo y por Dalí; y por la lengua castellana, en la que escribió dos de sus libros: Ensueño y Psicosis (Lima 1948) y el cautivante Estudio sobre los delirios (Madrid 1950) así como su deslumbrante ponencia al Symposium sobre Esquizofrenia de Madrid de 1957 sobre La Esquizofrenia según la concepción órgano dinámica (aún no traducido al francés), con la particular alquimia de su verbo: ciencia y poesía.

 

Los primeros pasos

En Toulouse inicia sus estudios de medicina, que continúa y culmina en Paris en 1923, mientras paralelamente frecuenta la Sorbona y la vida bohemia del Quartier Latin, obteniendo igualmente la licenciatura de filosofía. Desde su graduación como médico y durante diez años se desempeñará como interno por concurso de los Hôpitaux Psychiatriques de la Seine, de París, en los servicios de Guiraud, de Marie, de Capgras, y desde 1931 a 1933 como jefe de Clínica de Claude en Sainte-Anne (profesor de la cátedra de Enfermedades Mentales y del Encéfalo desde 1922 hasta 1939, y el primero en abrir las puertas de la misma, y de su servicio, a los fundadores del psicoanálisis en Francia: Laforgue, Hesnard, Sockolnicka). Reconocerá a Henri Claude como su maestro, recordándolo con gratitud en sus escritos, y otro interno, amigo inseparable y adversario teórico irreconciliable, Jacques Lacan, será su compañero en el servicio y en la "Salle de Garde".
Crecerá así en la brillante tradición clínica de la escuela de Sainte Anne, la más joven de París, la escuela de Magnan contrapuesta en cierta forma a las escuelas de la Salpêtrière, Bicêtre, Charenton y de la Enfermería Especial del Depósito de la Prefectura de Policía de París (en la que entonces era médico jefe Clérambault, el "único maestro" de Lacan, al que elogiará por su preciosismo clínico y cuya teoría explicativa de la génesis de las psicosis, rígidamente organicista, combatiría a lo largo de toda su vida como paradigma del modelo mecanicista).

 

Los Coloquios de Bonneval

En 1933 es designado médico jefe del hospital psiquiátrico de Bonneval, a cargo de 380 camas de mujeres, en la hemosa región de los castillos del Loire, a unos 100 km de Paris, y en él vivirá y trabajará hasta su retiro en 1971. Es en ese histórico hospital - rebautizado ahora Centre Hospitalier Spécialisé (CHS) Henri Ey, instalado en los claustros (reciclados y ampliados) de la venerable abadía benedictina de Saint Florentin, erigida en el siglo IX, en la que fuera cocina de los monjes, transformada en su bureau légendaire, a lo largo de esos heroicos, y laboriosos 38 años donde concibe y madura la mayor parte de su monumental obra escrita. Y es asimismo en ese hospital de Bonneval al que su pasión y su tesón convirtieron en el "haut lieu" de la psiquiatría francesa, donde organizó y dirigió los célebres Coloquios de Bonneval. En intensas y apasionadas jornadas de estudio y discusión reunió a lo largo de 25 años a lo más granado de la psiquiatría, el psicoanálisis, la neurología, la filosofía y la sociología de Francia. Testimonio de ello son los temas de los mismos:

 

Un humanismo en la teoría y en la praxis

Durante los dificilísimos años de la ocupación de Francia por los nazis y los colaboracionistas del régimen de Vichy con sus leyes de eliminación de judíos y enfermos mentales, militó valientemente por la defensa de sus pacientes y su derecho a la existencia y a la alimentación.
En sus informes a las autoridades sanitarias denunciando las condiciones de vida miserable de los enfermos de Bonneval escribía:

"se dice de ellos que son escorias sociales, que son incurables condenados a una muerte que se desea fácilmente... es fácil ver hasta donde podría llegar un razonamiento basado sobre un cálculo puramente social (ahora diríamos económico, N.del A.), hasta donde podría pretender ir la eutanasia elevada al rango de una institución social... no podríamos olvidar que nuestros  enfermos tienen una familia que tiene el derecho de esperar que, confiados a un establecimiento psiquiátrico de asistencia sean tratados como enfermos y no como sacrificados. Ellos no pueden resignarse, al igual que nosotros los alienistas, a considerar al hospital psiquiátrico como una prisión o un cementerio...".

Tan sólo en tres oportunidades abandonó su amado Bonneval: de agosto de 1939 a junio de 1940, para combatir por su patria invadida par los nazis; en 1944 incorporado a la Resistencia; y en 1971, la definitiva, la de su jubilación y su retiro. En 1944 se incorpora a un batallón de las FFI (Forces Françaises de l'Interieur) los guerilleros de la resistencia, los legendarios maquis que lucharon heroicamente contra los nazis.  Participó entonces en la batalla para reducir el bolsón del Atlántico, mereciendo ser condecorado con la Cruz de Guerra, y, antes de regresar a Bonneval, fue afectado durante un tiempo al servicio de Psiquiatría del Hospital Militar de Val-de-Grâce en París.  

 

El Retiro

Después de su retiro, repartirá su tiempo entre Banyuls-dels-Aspres, continuando infatigablemente el estudio, los escritos y la docencia, ya en la cálida y magnífica biblioteca y escritorio de su casa natal; ya en la biblioteca de Sainte-Anne (hoy Bibliothèque Médicale Henri Ey); ya en el Hospital psiquiátrico departamental de Thuir, el pequeño pueblo cercano a Banyuls-dels-Aspres, donde siguió dando conferencias con presentación de enfermos todos los miércoles (como lo había hecho durante tantísimos años en Sainte-Anne) y en el que organizó el memorable seminario sobre La Noción de Esquizofrenia en 1975. En esos seis años que van desde su jubilación hasta su muerte redobló su actividad de escritor, plasmando lo más significativo de su obra, el producto más decantado y maduro de su reflexión y su experiencia, como los dulces vinos de Banyuls que sus padres dejaban madurar amorosamente en el recogimiento de sus cavas. Pero nada de esto hubiera sido posible sin la presencia constante de su esposa Renée - "el hada buena de la psiquiatría francesa", como la consagró Minkowski en una conmovedora ceremonia en Bonneval; la eterna compañera desde los años juveniles de la Salle de Garde de Sainte Anne hasta el latido final de 1977.  

 

La Obra de Ey

La obra de Henri Ey es de una magnitud y una importancia excepcionales: sus escritos, su docencia oral su labor hospitalaria, su lucha constante por mejorar radicalmente las condiciones de asistencia del enfermo mental, su fervor y entusiasmo organizativo de congresos, coloquios, seminarios, publicaciones periódicas, revistas y sociedades científicas, su actividad militante al frente del Sindicato de Médicos de Hospitales Psiquiátricos, lo consagran como el más brillante psiquiatra francés de este siglo y uno de los maestros clásicos y definitivos de toda la medicina. Su producción escrita es inmensa, una de las más extensas, profundas y fecundas en la historia de la medicina. Más de 300 artículos científicos publicados a lo largo de 50 años, desde 1926 hasta 1977, en casi todas las revistas médicas de importancia del mundo entero - el primero de ellos sobre La Esquizofrenia de Bleuler con Paul Guiraud en 1926, el último sobre La Psiquiatría y la privación de la libertad en 1977, en el Bulletin du Syndicat des Psychiatres des Hôpitaux - como símbolos de sus intereses fundamentales como el alfa y omega de la trayectoria de su pensamiento: de la ciencia a la historia y de la filosofía a la ética. La mayor parte de esos artículos aparecieron en "su" revista, L'Evolution Psychiatrique, órgano de la sociedad del mismo nombre, nacidas ambas para expresar una nueva psiquiatría: la de la integración y colaboracián de psiquiatras psicoanalistas. Fundó, además, otras dos revistas, cuyos nombres nos eximen de extendernos sobre sus múltiples inquietudes y motivaciones: Entretiens psychiatriques y el Bulletin du Syndicat des Psychiatres des Hôpitaux. Y en este apartado que impropiamente podriamos denominar de escritos menores, nos falta mencionar aún más de 150 trabajos entre prólogos, prefacios, discursos, alocuciones y discusiones en eventos científicos, análisis, reseñas y críticas de libros (algunas de ellas verdaderas monografías como las que dedicó a El descubrimiento del Inconsciente de Ellenberger o a Los trastornos esquizofrénicos de Manfred Bleuler). Y last but not the least su traducción y resumen de la obra de Eugen Bleuler Dementia Praecox o el grupo de las esquizofrenias realizado en los albores de su carrera (1926) y que representó la única forma en que los psiquiatras franceses pudieron acercarse al pensamiento del insigne maestro zuriqués, durante cerca de 70 años, hasta 1993, en que apareció la traducción integral de Viallard.

Por lo que se refiere a libros, 15 son los que debemos a su pluma (sin contar la publicación de sus
ponencias a los Coloquios de Bonneval que constituyen de por sí verdaderos libros):

- Hallucinations et Délires. Alcan 1934, (recientemente reeditado por l'Harmattan).

- Essai d'application des principes de Jackson a une conception dynamique de la neuropsychiatrie. Con Rouart, Doin 1938 (recientemente reeditado por l'Harmattan).

- Ensueño y Psicosis (1948) Editora Médica Peruana, 1948.

- Estudios sobre los delirios. Paz Montalvo, Madrid 1950 (recientemente reeditado).

- Etudes Psychiatriques: en 3 Tomos de cerca de 1600 págs. Edit. Desclée de Brouwer, 1952-1957-1960 en los que analiza exhaustivamente problemas de historia, epistemología, metodología, psicopatología, semiología y clínica de las psicosis agudas y desestructuración de la conciencia. Estudios en los que la precisión y minuciosidad descriptivos de la clínica francesa se completan con un análisis psicoanalíico, estructural, fenomenológico y existencial de las psicosis endógenas agudas y la epilepsia.

- En 1955 dirige la organización, elaboración y redacción de los 3 monumentales tomos de la sección de Psiquiatría de la Encyclopédie Médico-Chirurgicale, encabezando en esta obra colectiva única en su género a decenas de los más brillantes especialistas del mundo entero, y que continua actualizándose año a año. Asume personalmente la responsabilidad de escribir numerosos capítulos de la misma, de entre los que debemos destacar por su extensión y calidad los dedicados a la historia de la psiquiatria, la antipsiquiatría, la terapéutica psiquiátrica, las bouffées delirantes (noción imprecisa de la tradición clínica francesa a la que rescata, define y delimita magistralmente transformándola en una especie mórbida clave y definitiva de la nosología). Pero hay que mencionar especialísimamente la excepcional sección dedicada al Grupo de las psicosis esquizofrénicas y de las psicosis delirantles crónicas, (recientemente reeditada por Les empêcheurs de penser en rond, Synthélabo).

- En 1960 aparece 1ra edición de su Manual de Psiquiatría, escrito en colaboración de un psiquiatra clínico (Bernard) y un psicoanalista (Brisset). Numerosas ediciones y traducciones confirman su éxito, texto iniciático de los psiquiatras jóvenes, tanto franceses como latinoamericanos.

- En 1963 da a la imprenta La Conscience, editado por Desclée de Brouwer, con más de 400 páginas, texto histórico, epistemológico, metafísico, psicopatológico y neurofisiológico de gran profundidad.

- En 1964 aparece La psychiatrie animale con Brion y colaboradores (Desclée de Brouwer, 605 págs.), obra colectiva bajo su dirección, como anticipo del interés que despierta la joven ciencia de la etología.

- El Traité des Hallucinations en 2 Tomos de más de 1500 págs. (Masson 1973) constituye su obra maestra en el campo de la clínica, la psicopatología y los fundamentos teóricos y modelos explicativos de la enfermedad mental, exhaustiva indagación de la problemática de la alucinación y el delirio nunca antes alcanzada.

- En 1975 dirige la obra colectiva Psychophysiologie du sommeil et Psychiatrie (Masson, 315 págs) en la línea de una de sus postulaciones fundamentales: la de una analogía profunda entre sueño y locura, entre ensueño y psicosis, entre actividad onírica y delirio, que la psiquiatría francesa plantea ya desde 1845 con la obra de Moreau de Tours.

- También en 1975 publica Des idées de Jackson à un modéle organo-dynamique en psychiatrie (Privat-Toulouse) que incluye su monografía de 1938, como culminación de sus casi 40 años de reflexión teórica.

- En diciembre de 1977, pocos días después de su muerte aparece La notion de Schizophrénie Desclée de Brouwer, comptes rendues del Seminario de Thuir, en el que, como en un diálogo platónico de un Sócrates moderno rodeado de sus jóvenes discípulos se elabora la definición final de lo que fuera para Ey il lungo studio e il grande amore como quería el Dante.

- En 1978, aparece Défense et illustration de la psychiatrie (Masson 1978, traducción argentina de Editorial Huemul, 1979). Terminado cuatro meses antes de su muerte, de unas ochenta páginas, constituye un lúcido y sereno manifiesto de la psiquiatría, ciencia médicay contiene su reflexión epistemológica y su mensaje ético, apasionado y profético, cartesiano e hipocrático, en un estilo que recuerda al de alguno de los tratados filosóficos del maestro de Kos.

- Por último, en 1981, aparecerá su tercera obra póstuma Naissance de la Médecine (Masson), primer tomo de una vasta obra inconclusa de 4 tomos, dedicada a la Historia de la Psiquiatría en la Historia de la Medicina y en la que trabajó hasta el día de su muerte (arrebatado por su tercer infarto de miocardio). Debemos al devoto trabajo de Henri Maurel, el que los manuscritos de ese primer tomo llegaran a la imprenta, 4 años después de la muerte del maestro.  

Henri Ey, Le Maître

Debido a las características propias del sistema universitario francés Henri Ey no accedió nunca a la cátedra oficial, pero su actividad docente se nutrió permanentemente de la praxis clínica y la reflexión teórica sobre la misma . Esa actividad docente fue tan intensa y de tal calidad que lo consagró como el maestro, por antonomasia. Se dedicó fundamentalmente a la enseñanza y formación de post-grado, batallando incansablemente por la institucionalización de la especialidad como tal, por la especificidad de la psiquiatría, separándola y diferenciándola de la neurología, con la que estaba unida en los planes oficiales de la época, pero enfatizando la imprescindibilidad de su formación complementaria y paralela.

Con emoción recuerdan los que fueron sus discípulos y colaboradores las memorables sesiones que todos los miércoles animaba en el anfiteatro Magnan de Sainte-Anne, sesiones de intensa actividad que duraban toda la tarde, con presentación de enfermos (uno de ellos siempre médico-legal.) entrevistados públicamente por el maestro y los discípulos, con discusión del caso y una prolongada clase teórica a cargo de Ey, y conferencias por parte de invitados especiales y lecturas en la biblioteca. Ya retirado, continuó dirigiendo en el hospital de Thuir una actividad similar.

Recuerda Follin, en la emotiva introducción a su espléndido libro Vivre en délirant (Les empêcheurs de penser en rond, edit. Synthélabo 1992):

"En ese tiempo (Henri Ey) se impone como el maestro de la joven psiquiatría francesa. Su seminario proseguido durante más de 30 años quedará como el principal centro de formación de los psiquiatras franceses. Fundándose sobre el rigor de "las ciencias clínicas" nos hizo reflexionar a todos, entrenado en un trabajo de crítica y a menudo de autocrítica; le guardo por ello un profundo reconocimiento".

Participó protagónicamente en innumerables congresos en todo el mundo. Organizó el Primer Congreso mundial de Psiquiatría en París en 1950 y fue su Secretario General. En 1951 organizó también en París la Primera Exposición Mundial de Arte Psicopatológico.Es de recordar su paso por Argentina en 1956 para asistir a varias conferencias a las que asistieron los principales psiquiatras y psicoanalistas del momento.  

 

El militante sindical

No fue Henri Ey un intelectual solitario, monástico y conventual, aislado en su torre de marfil, ni tampoco un ratón de biblioteca (aunque así se autodenominaba con la modestia y humildad de los verdaderos sabios) sino, un hombre de su tierra y de su tiempo, comprometido con todos los problemas y las luchas por la dignidad y la libertad humanas y de un fervor inextinguible por las causas que había abrazado. Su profunda preocupación por preservar la pureza ética y las prácticas psiquiátricas y por evitar o impedir que se usara y se abusara de la psiquiatría para violar la libertad, en esos (y estos) tiempos del desprecio; la tortura, el universo concentracionario y el gulag stalinista, motivaron su valiente e insobornable intervención para una declaración condenatoria en el Congreso Mundial de Psiquiatría de México, que debe considerarse como la directa inspiradora de la Declaración de Hawai (revisada en Viena) verdadero juramento hipocrático de los psiquiatras.

Todos los movimientos de reforma, mejoramiento y humanización de las instituciones de asistencia psiquiátrica contaron con su adhesión entusiasta y su participación activa, desde la integración del llamado "grupo de 1945", que después de terminada la guerra promovió la transformación radical del sistema asilar psiquiátrico, hasta la edición del Livre blanc de la Psychiatrie que condujo a la psiquiatría de sector. Nuevamente Follin en la introducción a Vivre en délirant nos brinda esta vibrante página de historia:

"En setiembre de 1944, al día siguiente de la liberación, se reunía en mi casa (avenida Carnot en Paris) un grupo de amigos entre los que se contaban L. Bonnafé, G. Daumezon, J. de Ajuriaguerra y L. Le Guillant... es en el curso de esta discusión que se esbozó el proyecto de las Jornadas de la Psiquiatría Francesa preparado poco después en una reunión que tuvo lugar en la Facultad de Medicina bajo la presidencia de P. Valéry. Fue en esta reunión que Henri Ey se manifestó como el jefe de fila del humanismo, en ese estadio casi revolucionario de lo que será la reforma del estatuto de la asistencia de los enfermos mentales, y al mismo tiempo del personal de cuidados, médicos y enfermeras".

Porque las luchas gremiales por la dignificación y la jerarquizaclón de los médicos psiquiatras de la psiquiatria pública - del estatuto del personnel de soins, de los trabajadores de la salud mental - eran absolutamente inseparables de la lucha por el mejoramiento y humanización de los tratamientos y condiciones de vida de los enfermos mentales en las instituciones asistenciales del Estado. Durante largos años fue el Presidente del sindicato de los Médicos de los Hospitales Psiquiátricos y fundador y director de su órgano de expresión el Bulletin du Syndicat. Y su espíritu sigue vivo en la Association Nationale des Présidents et VicePrésidents des Commissions Médicales d'Etablissement des Centres Hospitaliers de Psychiatrie. Esta Asociaclón acaba de publicar el Livre Vert de la psychiatrie... como continuación del Libro Blanco de 1966 y trata problemas fundamentales sobre la organización del campo de la psiquiatría y su especificidad y las propuestas organizacionales del dispositivo de atención y su mejoramiento través de la formación y la investigación.

Henri Ey y Jacques Lacan

Un capítulo aparte lo constituye el lazo que lo unió a Lacan. Lacan, de nuestros días, ocupa el lugar que le corresponde, a tal punto su pensamiento renovó y revitalizó el psicoanálisis. En cambio la historia ha olvidado un poco la formidable transformación de la psiquiatría efectuada por Ey. Dejemos a Lacan mismo recordarlo en un discurso en la Sala de Guardias de Sainte Anne, el 4 de noviembre de 1971:

"En esta misma sala de guardias, llegaron al mismo tiempo cuatro personas, que no desdeño en recordar ya que soy uno de ellos. El otro que con placer hago resurgir esta noche es Henri Ey. Podemos decir, a través del espacio de tiempo recorrido, que de la ignorancia [psiquiátrica] Ey fué el civilizador. Y debo decir que saludo su trabajo. La civilización no nos alivia de ningún malestar, como lo notó Freud, bien por el contrario, Unbehagen, [...] pero tiene un aspecto precioso. Si creen que existe el menor dejo de ironía en lo que acabo de decir, se equivocarían completamente, pero ustedes no pueden más que equivocarse ya que no pueden imaginarse lo que era el medio asilar antes que Ey hubiera metido la mano. Era algo extraordinario..."

Lacan y Ey fueron adversarios irreconciliables en lo que toca a ciertos puntos: la posición del psicoanálisis frente a la medicina, de la Conciencia frente al Inconciente, y detrás de ellos y fundando sus diferencias, una referencia antropológica opuesta del hombre y de su libertad. Más se trata de un auténtico diálogo de amigos. En 1932 Lacan le dedica su tesis y dice:

"Desde hace mucho tiempo, en nuestras conversaciones con él, hemos encontrado el mejor apoyo y el mejor control de un pensamiento que se busca: "alguien a quién hablar"".

En 1964 cuando Lacan está en graves dificultades por la situación internacional del psicoanálisis, luego de su exclusión de la S.F.P. recurre a Henri Ey para solicitarle su sostén, y Henri Ey de la "posición de la cual domina toda la psiquiatría francesa", según la expresión que Lacan le reservara otrora, asiste al seminario conocido después como "La Excomunión" en una clara muestra de apoyo. En 1970, luego de la primera amenza cardíaca sufrida por Ey, Lacan le escribe:

"Querido, A pesar de mi ausencia quiero que sepas que estaré siempre contigo, como cuando eras (he encontrado esto en mi "...tesis") alguien a quien hablar. Una vez que esta necesidad me ha quitado, el corazón - que ella esconde - permanece tuyo" (De J. Lacan a H. Ey, 20 de Noviembre de 1970, Archivos de Banyuls-dels-Aspres).

En 1975, Henri Ey quiere ver en la célebre frase de Lacan, "El ser del hombre, no solamente no puede ser comprendido sin la locura, sino que no sería el ser del hombre si no portara en él la locura como límite de la libertad", una nueva ocasión de "un raro, pero común acuerdo".

Pero más allá de la amistad, del aspecto anecdótico, el diálogo entre Ey y Lacan modifica el contenido mismo del psicoanálisis que Lacan elabora. Y los cambios que Lacan introduce en sus propios conceptos podrían llevar las trazas del diálogo con su amigo. Así por ejemplo la concepción de la locura de Lacan en 1946, demasiado amplia para ser específica según la crítica de Ey, se transformará diez años después, con el concepto de forclusión, en una herramienta propia para pensar la psicosis y ya no la locura, mucho más cerca del ne devient pas fou qui veut de la sala de guardia que uno y otro recordaban. O aún, el artículo de Ey de 1932, tan trabajado por Lacan en su Tesis, La notion d'automatisme en psychiatrie, centrado en la cuestión de la causa podría haberlo influído... Como lo dice F. Leguil (Ornicar? 1989, N°48):

"El rigor inventivo de este trabajo, que Lacan aprueba en 1932, anuncia con casi treinta años de anticipación los desarrollos del Seminario entre automaton y tuché".

Inversamente, el impacto del pensamiento de Lacan en la obra de Ey, es visible a través de las innumerables citaciones de los textos mayores: La Consciencia, el Traité des Halluciniations, Des idées de Jackson a un modéle organo-dynamique en psychiatrie, etc., o aún más en filigrana a los comentarios de Ey registrados en L'Evolution Psychiatrique de exposiciones de Leclaire o de intervenciones de Lacan mismo.

El diálogo entre Ey y Lacan forma parte de historia de la psiquiatría y del psicoanálisis, una historia que se juega aún de nuestros días. Conocerlo permite otra lectura diferente de Lacan, indispensable, de donde surge la necesidad de devolver a Ey el lugar que le corresponde.  

El Organodinamismo

Ludwing Binswanger, ese interlocutor dilecto y respetado de Freud, se hacía la pregunta en 1920:

"La confrontación del psicoanálisis y de la psiquiatría clínica, hace aparecer a nuestros ojos con toda claridad, el dilema en el cual se encuentra la psiquiatría. Ella debe decidir si quiere simplemente permanecer como una ciencia aplicada, un conglomerado de psicopatología, de neurología y de biología, mantenido solamente por su deber práctico, o si quiere devenir una ciencia psiquiátrica unitaria"

El organodinamismo constituye el esfuerzo teórico realizado por Henri Ey por responder positivamente a dicha interrogación, simétrico al de Lacan en el campo del psicoanálisis, de définir el objeto y el sentido de la psiquiatría. Evidentemente resumirlo en algunas líneas equivale a reducirlo quitándole su potencialidad polémica, abierta y dialéctica, maîtres-mots de su concepción. El organodinamismo se construye a partir de la fidelidad al humanismo filosófico abiertamente afirmado por Ey, a una cierta antropología médica nacida con Les Lumières, y enracinado en un cierto espíritu dialéctico de Platón a Marx, sin olvidar Hegel.

Ey se reivindicaba de un cierto anti-copernicismo y pretendía poner el individuo en el centro de su concepción, lo que explica que su concepción esté más cerca de la psicología del Yo, del rol de imperativo categórico kantiano de la Conciencia, que de la excentración del sujeto de su amigo Lacan, lo que subvierte las posiciones respectivas de Conciencia y del Inconciente entre uno y otro. El materialismo histórico permaneció fuera de sus referencias (la referencia de Marx lo constituye esencialmente el Manuscrito de 1944), lo que explica en cierta forma la pérdida de influencia entre las generaciones montantes del "post-68" francés.

Ey utilzó explícitamente múltiples referencias, con gran modestia: Jackson, Bergson, Hartman, etc. y entre los psiquiatras Moreau de Tours, Bleuler, Janet, Jaspers. Freud está omnipresente en su obra, a través de una lectura muy personal, más próxima de la primera tópica que de la segunda. Todo ello ligado al cuerpo y su encéfalo, lugar de la Conciencia y de la Elección del Sujeto, acompañando todos los progresos (aún balbuciantes en su tiempo) de las neurociencias, culminando en la noción original de Cuerpo Psíquico. Su esfuerzo se sitúa entre el Explicar y el Comprender, entre la causalidad psíquica y la causalidad física, dilema eterno de la filosofía. Esta posición explica el interés que ciertos filósofos han prestado a su obra: Pratts, en Nancy,  John Flodstrom, Kentucky, y que en los Estados Unidos sea más conocido como filósofo y que su obra psiquiátrica sea perfectamente ignorada.

La referencia jacksoniana, permanece uno de los puntos fuertes del organodinamismo de Ey, implicando un pensamiento evolucionista, una analogía entre filogenia y ontogenia, entre ontogénesis y ontología. Henri Ey trabajó su concepción jacksoniana, neojacksoniana, metajacksoniana y órgano-dinámica a lo largo de casi 40 años. El fruto final de ese esfuerzo ciclópeo es su libro de 1973 (editado en 1975) Des idées de Jackson a un modèle organo-dynamique en Psychiatrie (que incluye la histórica monografía de 1938, como testimonio de la continuidad esencial del hilo conductor de su reflexión teórica, en un ejemplo de la "fidelidad creadora" de Gabriel Marcel que es la que también debe inspirarnos y guiarnos en la comprehensión de su obra).

En el capítulo V de Des idées de Jackson a un modèle organo-dynamique en Psychiatrie, Ey propone una revisión de los conceptos fundamentales de la psiquiatría, que nos sentimos obligados a transcribir textualmente porque, creemos, no han tenido la difusión necesaria para la comprensión integral del pensamiento esencial y más auténtico de Ey:  

"Es necesario que una revisión seria de los conceptos fundamentales de la psiquiatría la comprometa resueltamente:

1° En un análisis existencial que trate de alcanzar el sentido y la esencia de la Neurosis y la Psicosis.

2° En una interpretación constante de la actividad simbólica que representa esta forma patológica de la existencia... Ninguna psiquiatría es posible si no integra el psicoanálisis.

3° En una búsqueda multidimensional de los factores patogénicos.

4° En el establecimiento de una nosografía de los niveles de desestructuración del campo de la
consciencia y de la desorganización de la personalidad que recuse a la vez las "entidades" de tipo
kraepeliniano y el antinosografismo excesivo de algunos clínicos.

5° En una perspectiva terapéutica que excluya toda elección o rechazo sistemático de un método
exclusivamente psicológico o fisico".

El mensaje ético de Ey

Los últimos años de su vida, Ey los dedicó a combatir la anti-psiquiatría, en quién veía la amenaza mayor de disolución de una psiquiatría humana, humanista. Veinte años después, la amenaza de desaparición de esa psiquiatría proviene de otro lado, de una cientificidad "hig tech", como Nancy Andreassen se define y define su psiquiatría en el Editorial de Diciembre de 1998, American Journal of Psychiatry. No resistimos entonces a citar un párrafo de su Manual de Psiquiatría, destinado a la formación de jóvenes psiquiatras, y que nos parece reflejar toda la fuerza y la actualidad de su pensamiento,  tan esclarecedor hoy como ayer:  

"Si el médico busca modificar, de la forma lo más electiva posible, ciertos [...] síntomas-blanco, hay que conocer bien el hecho que el medicamento neuroléptico modifica, de hecho y al mismo tiempo, el comportamiento del enfermo en su conjunto, el campo de la conciencia y la comunicación del enfermo con su entorno social. Dicho de otro modo, modificamos también de esta forma, todo el modo de "ser en el mundo" del enfermo. Modificando sus síntomas mórbidos e indeseables, modificamos igualmente su personalidad entera, modificando su humor, reduciendo su eficiencia intelectual, su actividad psicomotriz, su potencia sexual. Pero además - y ésto es lo esencial - lo privamos del único compromiso que había imaginado - y que tornaba su existencia vivible - entre sus pulsiones liberadas y la realidad social que lo rodea. Es decir, que lo privamos de los síntomas a los cuales el paciente se aferra con todas sus fuerzas, y que al mismo tiempo, se han transformado en nuestros "blancos", sobre los cuales tiramos, no sin menos fuerza, a golpes de neurolépticos. En esas condiciones, debemos preguntarnos que se vuelve el paciente desposeído de su delirio e inevitablemente sacudido por una "falta". [...] El empleo de neurolépticos no permite nunca, por lo tanto, dejar de lado la relación psicoterápica que debe acompañar toda terapéutica biológica en psiquiatría".