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"Dejó a los freudianos sin Freud
y a los marxistas sin Marx": Aramoni
En su centenario, Erich Fromm,
en el diván de sus discípulos

José Alberto Castro
Revista Proceso 1222 Cultura No. 29

En su calidad de discípulo de la primera generación instruida por Erich Fromm quien cumpliría 100 años de vida, Aniceto Aramoni quiebra un silencio de tres décadas al conceder una primera entrevista a Proceso: "Fromm en algún momento tuvo la certeza de que su obra sería más leída un cuarto de siglo después de su muerte".

Doctor y psicoanalista, Aramoni, de 84 años y director por varios períodos del Instituto Mexicano de Psicoanálisis (IMS), asienta:

"A él le pasa como al Cid Campeador, ha ganado algunas batallas después de muerto, de modo post mortem le dieron el premio Goethe. Ahora sus libros se leen más profusamente, hay más reediciones y se le presta más atención."

Sin embargo, el único sobreviviente del núcleo llamado "los 13 apóstoles", aquellos médicos que entre 1951 a 1956 formaron el "Grupo Mexicano de Estudios Psicoanalíticos", se detiene en los 25 años que vivió Fromm en México y afirma que fueron los más refulgentes de su vida, y también advierte:

"Siempre lo han tratado mal; por ejemplo, en México, durante 23 años, lo ignoraron; si hubiera estado en la Argentina hubiera creado una escuela maravillosa, y probablemente, en cualquier otra parte del centro de Europa hubiera sido otra cosa. En cambio, entre nosotros no fue así."

Con motivo del centenario, en México, España y Argentina la editorial Paídos publica —en lujosísima edición— , su biografía titulada El amor a la vida, de Rainer Funk, y al mismo tiempo se da a conocer la Biblioteca Erich Fromm, la cual incluye 16 títulos; sin faltar el imprescindible El arte de amar. Ellos son: El miedo a la libertad, ¿Podrá sobrevivir el hombre?, La condición humana actual, Y seréis como dioses, El dogma de Cristo, La crisis del psicoanálisis, Sobre la desobediencia, El amor a la vida, Del tener al ser, Lo inconsciente social, Ética y Política, El arte de escuchar, Patología de la normalidad, Espíritu y sociedad y El humanismo como utopía real.

En el Fondo de Cultura Económica se puede hallar Psicoanálisis de la sociedad contemporánea, de 1955. En esa casa Fromm inauguró y dirigió la colección Biblioteca de Psicología hacia 1956. Esa obra clásica, partió del interrogante "¿puede estar enferma una sociedad?", va en la vigésima reimpresión.

Pero la doctora Rebeca Aramoni, ahijada de Fromm, subraya que al menos en México no existe una traducción decorosa de Más allá de las cadenas de la ilusión. Mi encuentro con Marx y Freud, que según la terapeuta se trata de una obra capital de Fromm pues ofrece muchas luces sobre los soportes intelectuales de su visión humanista.

Endiosamiento

En el empeño por llamar la atención hacia la obra de Fromm, Aniceto Aramoni destaca la labor de Rainer Funk:

"Él fue uno de sus últimos discípulos, lo hizo heredero de la biblioteca y de todos sus papeles, ha funcionado como Pablo en relación con Jesús, sin él no conoceríamos algunos libros de Fromm sacados de su archivo. Sacó a la luz Crítica sobre el psicoanálisis y publicó el libro El arte de escuchar."

Aunque Fromm protagonizó una creciente popularidad en los Estados Unidos a lo largo de los años sesenta y en el último cuarto de siglo su obra ha ganado nuevos lectores, desilusionado Aramoni acusa que a su maestro "siempre lo han tachado" de "superfluo", y acota "eso me parece absolutamente injusto", a tal grado que argumenta:

"Era un hombre profundo y optimista. No era un bobo optimista. Una persona inteligente que tenía esperanzas. No creo que su visión fuera utópica, porque ella estaba fundamentada en la realidad. No es justo que se diga de él y se le juzgue como un optimista trivial. Al contrario, estoy convencido de que el suyo fue un optimismo enamorado de la vida. Siempre a favor de ella."

Categórico, enfático, invita a la polémica:

"Fromm dejó a los freudianos sin Freud y a los marxistas sin Marx. Y con esa temeridad encerró a sus maestros dentro de una paradoja.". Por eso manifiesta:

"Él era un marxista que estudió a profundidad a Marx, y se interesó por el joven pensador, el de los primeros tiempos, el más humanista. Está preocupación dio origen al libro, Marx y el concepto del hombre. Ese Marx no era muy conocido, y tampoco se trató del aprobado por los rusos, ni el amasijo de dogmas que produjeron a un ser como Stalin."

Del padre del psicoanálisis, entonces, explica:

"Fromm era muy conocedor de Freud, lo respetaba y al mismo tiempo era crítico. Conocer su obra le hizo adelantar una visión humanista y esperanzadora del futuro del hombre."

Por eso, Aramoni no puede creer que el creador de tal síntesis sea tachado de "frívolo, trivial y de que alguna gente lo llegue a descalificar", por lo cual expone:

"Fromm simplificaba las cosas para hacerlas entender. Eso no quiere decir que lo que él escribiera no fuera profundo. Tenía un concepto del hombre muy particular. Con profundidad habló de las necesidades básicas del hombre, fundamentó muchas cosas en el amor, en la ética, y habló del problema de la autoridad. Sus escritos se reducen a cosas muy elementales pero importantes. Si algo le obsesionó fue la objetividad y el sentido de realidad."

En voz alta trata de buscar una respuesta:

"Nunca he sabido por qué la inquina en su contra, tal vez se deba a su claridad. A algunas personas les gustan las películas cuando no las entienden. Salen fascinados de los filmes de Ingmar Berman aunque no comprendan más de 50% de su entramado. Si alguien produce algo que es directo, razonado, sencillo e inteligente, no se acepta."

Aramoni pondera que Fromm escribió aquí sus mejores libros, mérito que correspondió a México por azar; y de quien aceptó ser padrino de su hija, recuerda:

"Fromm era un lector infatigable, a pesar de tener problemas de la vista. Cuando escribió La destructividad humana, consultó una bibliografía de casi 700 títulos. Y tuvo que pedir ayuda a lectores externos que elaboraron fichas de otros títulos."

Rinde un homenaje a su maestro:

"Logró de alguna manera una síntesis interesante de lo mejor del mundo oriental cercano: Biblia, Talmud, profetas. Del mundo oriental lejano: budismo zen y Suzuki. Y del mundo occidental griego y del occidental místico: Eckhart, Spinoza y Schweitzer. Además de Marx y Freud."

Un capítulo trascendental en la vida de Fromm, indica que fue precisamente su encuentro con Daisetz T. Suzuki, con quien escribió Budismo zen y psicoanálisis, donde se expusieron las formas de acercamiento de lo oriental y lo occidental:

"Eran dos caracteres semejantes, dos almas gemelas."

Hace un esfuerzo de concentración para desentrañar al creador del psicoanálisis llamado humanista o culturalista:

"Este hombre frágil y pequeño surgió de la vigorosa cultura del centro de Europa. Era un políglota, iniciado por su tío abuelo materno, Ludwig Krauze, en la educación talmúdica, filosófica. Luego en la madurez lo vemos enfrascado en los problemas de su tiempo, definido por el socialismo y la paz. Incluso viajó a Rusia para salvar a un primo."

Señala un vacío en la trayectoria de quien salvó la vida gracias al progreso de los nuevos medicamentos contra tuberculosis:

"Era un buen clínico, un hombre muy penetrante, pero como era un gran pensador, no dedicó mucho tiempo a enseñar sobre la clínica, no nos dejó una enseñanza clínica, técnicamente expresada, como lo hizo Freud y una de sus esposas, Frieda Fromm-Reichmann."

Esta última fue la autora de I never promised you a Rose Garden, obra que la hizo mundialmente famosa como la primera mujer que trataba con éxito a los esquizofrénicos con ayuda del psicoanálisis.

Aramoni narra que las grabaciones donde Fromm habló de sus casos clínicos se perdieron, y resalta :

"Él era un clínico importante, trabajaba con los pacientes, le interesaba que lo consideraran analista, porque era un trabajador del análisis, le interesaba el alma humana, el cara a cara, 'de centro a centro', decía él. Daba la imagen de que había que saltar para tratar de meterse a la otra persona, para entenderla y sentirla."

Con la autoridad que le confiere ser el autor de 16 libros sobre temas psicoanalíticos, trae a cuento una de las enseñanzas de Fromm:

"Para él en la relación analítica era importante no sólo la inteligencia y la razón, sino la intuición y la empatía. En el curso de una terapia el tiempo es fundamental, hay que buscar el momento adecuado para la interpretación y saber si la persona está preparada para adquirir o aceptar esa información."

La cosificación

El concepto de Fromm de una sociedad insana aún sigue vigente, estima Aramoni:

"Sin embargo, yo lo veo en otra dirección: ¿Qué sociedad no está enferma? y ¿Por qué en ella asombrosamente hay algunos individuos sanos? De todas maneras, en un mundo insano hemos conocido a la madre Teresa de Calcuta, Ghandi, Bertrand Russel, todos ellos monstruos llenos de humanidad. Albert Schweitzer fue doctor en medicina, música, teología. Misionero. Le dan el premio Nobel de Paz en 1952. Este hombre abandona todo para ir a poner un hospital para negros en Lambaréné, en Gabón , África. Organista notable e intérprete de Bach. Además es amigo de Fromm. Estos seres extraordinarios surgieron y se manifestaron en una sociedad en que lo importante es la electrónica, donde se han acotado los tiempos, y la velocidad es muy importante. En una sociedad enajenada."

Menciona los nombres de grandes novelistas del siglo que fenece: George Orwell, Ray Bradbury, Franz Kakfa, Aldous Huxley, creadores de mundos terminales, y sugiere que esas pesadillas literarias fueron expuestas por Fromm en términos científicos:

"Estos hombres escribieron fundados en la realidad y anticiparon parte de la actual pesadilla. En 2001,Odisea del espacio, a la máquina computadora le confieren inteligencia, ella ya no quiere obedecer, quiere tener personalidad propia y escapar del manejo de los humanos."

Refiere una de las ideas de su antiguo mentor:

"El ser es lo que uno tiene, eso no se lo quita nadie, lo otro puede ser una cuenta bancaria, un puesto público, una casa o un automóvil, pero eso es aleatorio. La sociedad quiere imponer la idea de que somos un objeto. Por eso se puede llegar a tener la sensación de que uno se vende o puede ser parte de una transacción comercial"

Sonriente acude a un ejemplo y cuenta:

"Si ahora vamos a un banco y en la ventanilla hay una cara sonriente, sabemos entonces que no hay sistema."

¿Los seguidores?

En la actualidad el IMS, después de 33 años de formar psicoanalistas, da atención gratuita a personas de escasos recursos. La institución que fundará Fromm prepara a tres generaciones de futuros terapeutas.

El IMS se erigió en la calle de Odontología, 9, en la Ciudad de México, se abrió el 8 de marzo de 1963. De modo erróneo Rainer Funk atribuye su proyección a Jorge Silva, empero obedeció al arquitecto y escultor Jorge Durón.

Aunque decano de esa institución, Aniceto Aramori reconoce que los interesados en ser psicoanalistas son pocos, un grupo de jóvenes plenamente incorporados en la disciplina en los que cifra su esperanza.

Fernando Ruiz Reyes, actual director de la institución, remarca que no puede asumirse como seguidor de Fromm porque ante todo es un psicoanalista, y ataja:

"Fromm fue un hombre interesado en los acontecimientos sociales. En la sociedad y en el tipo de hombre que ella misma crea y en cómo puede satisfacer o frustrar las necesidades humanas fundamentales. Uno de los aspectos centrales de él radica en verlo como el creador de los conceptos del carácter social y la disciplina de sociopsicoanálisis, en ambas tesis trabajó toda su vida. Su curiosidad lo llevó a emprender estudios de campo. Con Michael Maccoby culminó Social Character in a Mexican Village. A Sociopsychoanalytic Study, se trata de un estudio en profundidad de un pueblo del estado de México, Chiconcuac. Este y otros estudios de Fromm fueron amplios, destacó como un crítico agudo de la sociedad estadunidense en los años cincuenta, con el libro Psicoanálisis de la sociedad contemporánea, donde analiza la problemática de cómo la sociedad presiona a la persona para ajustarla a sus imperativos y frustra las necesidades humanas básicas, y cómo esto conduce a crear individuos enajenados."

Originario de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, y doctor en medicina por la UNAM, abunda:

"En su momento Fromm alertó que si la sociedad continuaba por ese camino crecería la enajenación y la proliferación de seres humanos robotizados, ajustados, hombres verticales y superespecializados en nada."

Añade que al margen de ese pesimismo, en realidad "él planteaba la esperanza, y confiaba en las reacciones de los seres humanos contra esta enajenación propia de la sociedad de consumo o tecnotrónica."

A su vez, Eduardo Zajur, maestro en psicología por la UNAM, recalca que Freud, a diferencia de Fromm, "centraba su visión en lo biológico, él partía de que las motivaciones en el inconsciente son algo del mundo de los instintos", y se trasciende esta idea al incorporar el aspecto social porque para Freud la función de la sociedad era solamente represora, en cambio la visión de Fromm es más amplia".

En otro tenor, Rebeca Aramoni recuerda que a Fromm le gustaba el pastel de manzana y supone que si aún viviera sería un fanático de Internet, sentencia:

"Cuando pienso en él caigo en la cuenta de que la neurosis es un problema de economía, uno tira una gran cantidad de energía a la coladera, sin poder obtener nada. El principio económico de la administración de la salud y de la energía es importante. Esa es una de sus lecciones. Así como el concebir que el carácter social influye en las interpretaciones de los sueños."

Nacida en la década de los cincuenta sobre el estigma que pende sobre El arte de amar como un libro para adolescentes, ella esgrime:

"Es terriblemente actual. Le puedo asegurar que también es una obra para leerla después de cumplidos los 40 años. Una vez que se ha vivido el amor adulto, uno se da cuenta de que amar a una persona es un reto zen, es como llegar a la iluminación. De lo complicado que significa amar a alguien en términos de madurez ."

Ya lo anunciaba Fromm desde su selección del epígrafe, una frase de Paracelso:

"Quien no conoce nada, no ama nada. Quien no puede hacer nada, no comprende nada. Quien nada comprende, nada vale. Pero quien comprende también ama, observa, ve... Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa, más grande es el amor... Quien cree que todas las frutas maduran al mismo tiempo que las frutillas, nada sabe acerca de las uvas."

"¿Sociedad enferma?", se interroga:

"Seguimos siendo una sociedad anómala, lo que él entrevió se ha cumplido. Él vivió el drama de las guerras, así conoció la actitud irracional, auto- destructiva, autoritaria, enajenada, sin valores éticos y donde el ser humano es lo que menos vale. La recuperación que él hace a través del planteamiento teórico tiene que ver con conectar al individuo con lo que él es, sus valores y sus necesidades, el deseo de ser querido, aceptado."

Habla del elemento terrorífico de nuestra sociedad:

"Hoy vivimos determinados por la economía y el manejo del dinero, de la velocidad al vivir, de la superficialidad, de la comercialización, de la imposición de los medios de comunicación. Aceptar esta circunstancia lleva a la desconexión de las cosas importantes, de aquellas que nos convierten en seres humanos. Aunque la televisión, las computadoras, los cajeros automáticos y el consumo desaforado son resultados de la inteligencia, no es lo que nos caracteriza como seres pensantes."

Frente a la posibilidad del holocausto nuclear, Fromm hizo hincapié en desterrar el anhelo por la necrofilia, la fascinación por lo muerto en detrimento de lo vivo. De ello la estudiosa opina:

"Hoy por hoy estamos inmersos en una crisis de valores, la necrofilia es algo que se ha ido reviviendo, reactivando, porque los jóvenes, al no tener estímulos, incentivos, conciben el futuro como algo complicado. Lo ven negro, y a esa visión contribuyen la influencia y el abuso de las drogas, la televisión, los placeres rápidos, hechos así para no sufrir y no comprometerse con la necesidad de vivir."

Agrega:

"El carácter necrófilo tiene que ver con el fervor por la muerte, implica una situación pasiva frente a la vida, de no expectativas, de destructividad, de falta de vitalidad y de alianzas y de asideros vitales. Cuando una sociedad es necrofílica está en la hora de la putrefacción ."

Poseída por sentimientos encontrados, arriesga:

"Una de las sensaciones que a diario asaltan a un terapeuta es la idea de que se ejerce una profesión en extinción, nosotros trabajamos con una persona 45 o 50 minutos tratando de conectarla con ella misma, de que mejore su calidad de vida, que sea una gente productiva. Y pueda preservar la vida, pueda quererse, respetarse. Sin embargo, tenemos una sociedad que trabaja contra eso."

Toma un respiro y dice:

"Fromm repetía que si uno salva a una vida humana, salvaba a toda la humanidad. Esto es pretencioso. Pero algo hay de real." l

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