Técnicas terapéuticas y herramientas de evaluación Refiriéndose a las técnicas rogerianas M. G. Kinget, considera que paradójicamente no hay tales técnicas, y esto se presenta como una característica de la terapia rogeriana. Rogers dice que lo que debe pretender aplicar el terapeuta son sus actitudes y concepciones fundamentales relativas al ser humano y no la aplicación de conocimientos o habilidades especiales. No sólo debe poseer estas actitudes sino que ha de expresarlas de modo eficaz. Es difícil la aplicación de estas actitudes, porque son poco comunes, de hecho incluso los admiradores de Rogers les resulta difícil, y ahí se puede ver que existe una distancia entre el entusiasmo y la afinidad por ciertos valores. Como crítica algunos pueden decir que si esta terapia es cuestión de actitudes y no de técnicas ¿cómo es posible enseñarla y demostrarla? Ellos consideran que no se puede presentar una demostración, única y "ortodoxa", de esta terapia, pero intentan presentar el modo como es practicada por terapeutas cuya personalidad y conducta son representativas de los principios que ponen en práctica. En cuanto a la enseñanza, consistiría en aprender las actitudes antes comentadas, pero como esa tarea es difícil, sí se puede al menos evocar y agudizar el sentido de ellos. Porque las actitudes no son algo innato, sino aprendido de forma eficaz a través del "contagio social". La formación práctica del terapeuta rogeriano es a través del prepracticum que consistiría en la formación teórica y práctica supervisada. En cuanto a las herramientas, un aspecto importante a destacar de C. Rogers es que tiene un constante cuidado por verificar objetivamente sus hipótesis. Es el primero que registra en cintas magnetofónicas y en películas las sesiones clínicas y somete ese material a diseños estadísticos y verificadores. Esta investigación se realiza a través de registros de las entrevistas e intentando que estas fueran tanto de las grabaciones sonoras como de la transcripción mecanografiada, de tal forma que así es posible determinar qué propósitos son realmente instrumentalizados en la entrevista. Se ha visto en investigaciones (Bolcksma) que el consejero frecuentemente se sorprende al descubrir los objetivos que realmente están implicados en la entrevista recogida en registros, posibilitando un análisis objetivo de las palabras; ya que un análisis subjetivo del consejero o es suficiente para tener claro cuestiones como "¿estoy haciendo realmente lo que creo estar haciendo? ¿estoy llevando a cabo los propósitos que enuncio?. El terapeuta tiene unas actitudes hacia el cliente que las instrumentaliza, consciente o inconscientemente, y pueden ser descubiertas a partir del material de la entrevista, a través del tono de voz, cómo maneja lo inesperado, con esta información el terapeuta puede instrumentalizar su propia hipótesis y no la hipótesis centrada en el cliente, es decir, que es importante comprobar continuamente los propósitos o la hipótesis con la técnica o instrumento que se utiliza. Según Rogers: "al desarrollar más clara y plenamente la actitud y la hipótesis según las cuales intento tratar al cliente, debo verificar, en el material de la entrevista, la instrumentalización de esas hipótesis". Porque puede suceder que la instrumentalización de una actitud realizada por el terapeuta no sea la misma que la percibida por el cliente. Por lo tanto, a través de la técnica de los registros permite al terapeuta un estudio profundo de su propia conducta de tal forma que este estudio hace cambiar la conducta y su propia actitud en la próxima entrevista. Una buena revisión de la instrumentalización de una hipótesis es una experiencia continua y recíproca.
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