Visión que el autor tiene del proceso terapéutico Modelo del proceso. Primera etapa: Armonía empátia; contactar y ser armónicamente empático con el marco de referencia interno del cliente. Por lo general, el individuo que se encuentra en esta etapa de fijeza y se halla alejado de la vivencia no solicitará espontáneamente la ayuda del psicoterapeuta. Así, existe cierta reticencia a comunicar el sí mismo. También la comunicación interna sufre un intenso bloqueo. El individuo no advierte un poco la marea y el flujo de vida que se da en su interior. Sus maneras de construir la experiencia están predeterminadas por su pasado y los hechos del presente no logran afectarlas. Su modo de experimentar "está ligado a su estructura", es decir, reacciona a la situación presente descubriendo que se parece a una experiencia pasada, lo cual implica reaccionar a ese pasado y sentir eso y no el presente. La persona no comunica su sí mismo, solamente se refiere a acontecimientos externos; tiende a sentirse exenta de problemas, y los que logra reconocer los percibe como ajenos a él. Hay un intenso bloqueo de la comunicación interna entre el sí mismo y la experiencia. El individuo que se encuentra en esta etapa puede ser descrito en términos tales como éxtasis o fijeza. Segunda etapa: Vínculo terapéutico; comunicar empatía en una relación auténtica de aprecio. La segunda etapa se inicia sólo cuando el sujeto puede vivir la experiencia de ser plenamente recibido. Esto a veces se consigue por medio de la terapia de juego o de la grupal, en las que la persona puede ser expuesta a un clima receptivo sin tener que adoptar ninguna iniciativa, y donde hay tiempo suficiente para llegar a sentir que es recibido. Cuando llega a sentir que es recibido, se produce un ligero aflojamiento y fluidez de la expresión simbólica, que se caracteriza por:
Tercera etapa: Colaboración en las tareas: facilitar la implicación mutua en los objetivos y tareas de la terapia. En esta etapa, si el ligero avance y el flujo que se establece en la segunda etapa no quedan bloqueados, sino que el cliente, en estos aspectos, se siente plenamente recibido tal como él es, se produce un ulterior desarrollo y flujo de la expresión simbólica. Algunas de sus características son:
Cuarta etapa: Procesamiento vivencial: facilitar los procesos óptimos y diferenciales al cliente. Aquí el cliente se siente comprendido, aceptado con agrado y recibido tal y como es en los diferentes aspectos de su experiencia; los constructos de la tercera etapa adquieren gradualmente más flexibilidad y los sentimientos comienzan a fluir con mayor libertad. Así:
Esta etapa y la siguiente constituyen la mayor parte de la psicoterapia. Quinta etapa: Fomentar el crecimiento y la autodeterminación del cliente (crecimiento/elección). Si en la etapa anterior el cliente ha llegado a sentirse recibido en sus expresiones, conductas y experiencias, ello determina un aumento de la flexibilidad, de la libertad y del flujo organísmico. Las cualidades de esta etapa son:
Sexta etapa: Conclusión de la tarea: facilitar la conclusión de tareas terapéuticas específicas. Si el cliente sigue sintiéndose plenamente recibido en la relación terapéutica, elementos de la quinta etapa serán reemplazados por una fase distintiva y a menudo dramática, cuyas características son las siguientes:
La incongruencia entre la experiencia y la percepción se experimenta vívidamente a medida que se transforma en congruencia.
Séptima etapa: Fin del proceso terapéutico. En esta etapa el cliente puede ingresar en ella sin gran necesidad de ayuda por parte del terapeuta. Esta fase puede desarrollarse tanto en la relación terapéutica como fuera de ella. Se caracteriza por:
Cuando el individuo ha alcanzado la séptima etapa de su proceso de cambio, ingresa en una nueva dimensión. El cliente ha incorporado la cualidad de movimiento, fluidez y cambio a cada aspecto de su vida psicológica. Vivirá conscientemente sus sentimientos, los aceptará y confiará en ellos.
Objetivos Terapéuticos Los resultados de la terapia, son separados del proceso, porque aquellos son cambios de la personalidad que son observables desde el exterior del despacho del terapeuta. Estos son resultados relativamente permanentes. Antes de enunciar los objetivos de la terapia rogeriana describiremos de forma resumida las características de la terapia que hacen posible estos objetivos. El terapeuta ha de establecer una relación profundamente personal con su cliente y que en esta relación se haya comportado como una persona frente a otra y no como un profesional científico de rol superior; que haya tratado al cliente como un ser portador de un valor intrínseco incondicional; que haya estado disponible para el cliente y ha sido capaz de comprenderlo; que no haya tenido trabas internas que le hayan impedido participar de las experiencias del cliente y haya podido comunicar esa comprensión empática al cliente; que haya sido capaz de crear un clima que permita al cliente ser libre y llegar a ser él mismo. Esto permite al sujeto sentirse aceptado incondicionalmente de tal forma que le permite explorarse y crecer de forma progresiva. Le da seguridad para poder experienciar con pleno significado lo que va descubriendo de sí mismo de tal forma que va descubriendo su verdadero yo e ir armonizando lo que descubre con ese yo. A continuación se presentan los objetivos/resultados de la terapia rogeriana:
Función y rol del terapeuta Se ha oído muchas veces que la psicología es vista como parte de ciencia y parte de arte, con esto quiero introducir el rol del terapeuta humanista en el que se da una formación especial y ciertas características personales (factor humano). Llegando a tornarse, y sobre todos en los rogerianos, más importante la experiencia, la parte humana de la personalidad, y no por ello se deben avergonzar, por miedo a que les consideren terapeutas intuitivos, porque no fueron sino ellos quienes introdujeron la investigación en el terreno de la psicoterapia. Los rogerianos apoyan que sin restar importancia al bagage formativo acentuar las dimensiones afectivas y morales del ser humano. Todo esto nos puede llevar a preguntarnos si existen unas cualidades personales superiores para ser terapeuta. Estamos lejos de dar una respuesta válida, sobretodo por problemas conceptuales. Actualmente, no se puede decir que existan unas características determinadas que tienen todos los terapeutas que pertenecen a un enfoque determinado. Pero si se pude pensar que sí hay una cierta selección sobre los que prefieren una u otra orientación. Por otra parte los rogerianos consideran que no implica ningún tipo de superioridad para el ejercicio de la psicoterapia. En cuanto a la transferencia, los rogerianos la evitan mencionar, pero no la niegan, considerando que apenas se da en terapias centradas en el cliente. Pero aunque no se requieran talentos superiores, sí se requieren, sin embargo, ciertos atributos sin los cuales no podría pretender ser "Client- centered". Según Rogers, estos atributos son los siguientes: La capacidad empática: Es la capacidad de ponerse verdaderamente en el lugar de otro, de ver, sentir,... como él lo ve y siente. Si esta capacidad es útil a todo terapeuta, es indispensable para el rogeriano. Según estos, el rol del terapeuta consiste en reflejar la significación personal de las palabras del cliente, en vez de responder a su contenido intelectual, debe saber hacer abstracción de sus propios valores, sentimientos... y se abstenga de aplicar criterios objetivos, racionales. En una sensibilidad alterocéntrica, como es la empatía depende de la personalidad del terapeuta, porque la empatía no es algo que si puede adoptar a voluntad según el momento, igual que no nos podemos mostrar más inteligentes. Por lo tanto, la empatía es un atributo que no se da así por así, sino que se adquiere con cierta reorganización del sistema de necesidades, intereses y valores de la persona. La empatía, permite establecer relaciones interpersonales profundamente significativa y, por lo tanto, terapéuticas. Empatía, simpatía e intuición en el diagnóstico: Son conceptos diferentes, en la empatía, el individuo se esfuerza por participar en la experiencia del otro, sin limitarse a los aspectos simplemente emocionales y no solamente desde la perspectiva subjetiva, sino también desde el punto de vista del otro sujeto; sin embargo, en la simpatía se vive la emoción de los demás en términos de la experiencia del sujeto mismo. Los dos términos son formas subjetivas de conocimiento, pero en el caso de la empatía se hace desde la subjetividad del otro, es decir, del cliente. En cuanto a esto, la empatía y la intuición para el diagnóstico, son opuestas. El segundo término hace referencia no a una experiencia consciente del otro, sino a una observación y un a interpretación de las manifestaciones de esa experiencia. Mientras que la función diagnóstica se adquiere a través de una formación profesional especializada, la empatía se va consiguiendo por medio de una estructuración de la personalidad del que la practica. Autenticidad o acuerdo interno: Rogers, para referirse a estos atributos, utilizaba un término semejante al de sinceridad (genuineness); pero luego vio que no se ajustaba bien dentro de su teoría, porque ser sincero implica ser coherente con nuestras representaciones conscientes tal como aparecen en la conciencia, no necesariamente como se experimenta. Al igual que la empatía, la autenticidad no se puede dar a voluntad, sino que implica aspectos de la personalidad. Con esto quiere decir que no se adopta en determinadas circunstancias, ni que el terapeuta se pueda comportar en la terapia "como si" (como si se pusiera en el punto de vista del paciente), sino que lo importante es que experimente los sentimientos que manifiesta. En la terapia rogeriana es importante mostrar autenticidad, aunque no siempre es posible, y es entonces cuando conviene tratarlo con el cliente, y si con ello tampoco se soluciona, se hablaría con un colega para poder resolver esta dificultad, ya que la incapacidad de la no autenticidad produce un deterioro de la relación terapéutica, perjudicándola. Nos podríamos preguntar si se podría actuar mostrando autenticidad (como un actor). Si se podría, pero se ha demostrado con la experiencia terapéutica que esa "falsedad" se refleja en la relación y muchas veces el cliente se da cuenta de que se finge, además es difícil mantener esa "autenticidad" a lo largo de la terapia que suelen durar algunas veces mucho tiempo. No hay base empírica, pero se cree que existe una unidad interna característica de la conducta autentica, gracias a la cual no hace necesario ningún tipo de esfuerzo para ser auténtico, y esto mismo lo reconocen los profesionales de la terapia relacional, dando un papel importante a esta unidad interna para las relaciones interpersonales. Debe poseer también una: concepción positiva y liberal del hombre y de las relaciones humanas. Son atributos de la personalidad del terapeuta que se expresan de forma natural en la terapia y en su estilo de vida. También la madurez emocional ayuda al terapeuta a participar en la tarea de cambio de la otra persona, sin tener la tentación de modelar dicho cambio según su imagen (esto se produce con bastante frecuencia). Esta madurez implica ser no juez o modelo del cliente, sino amplificador o resonador de los esfuerzos que el cliente hace por cambiar. Ayuda también a mantener una actitud "aséptica" es decir, capacidad para experimentar y de comunicar sentimientos auténticamente calurosos, sin falta de autenticidad. Esta madurez hace que el terapeuta en momentos tan frecuentes en los que el cliente se muestra con gran frustración aguda, le entrega su persona para que la moldee a su gusto, porque la persona se siente indefensa y considera al terapeuta su salvación, en estos casos el terapeuta no debe ser sensible a este homenaje pues aceptar ese compromiso influye en su integridad personal, su seguridad interna importante a la hora de mantener el proceso terapéutico en pie ante la dificultades que se plantean. Si el terapeuta posee estas actitudes se dará cuenta que se dará una relación sana y sin esfuerzos excesivos, aunque exigen siempre un esfuerzo real considerable. Esto no quiere decir que la relación terapéutica sea un "lecho de rosas" porque en ella se producen siempre muchas dificultades. Los rogerianos consideran que lo más importante en el equipo terapéutico no es su ciencia ni su modo de aplicarla sino su integridad personal. El hecho de que se trabaje con afectos sentimientos y que estos sean diferentes en cada caso hace que las actitudes y la formación de la personalidad estén por encima de la técnica. Implica también comprensión de sí mismo Dado que la personalidad del terapeuta es el utensilio principal, es importante llegarla a conocer bien. La personalidad es el prisma por el que se ve la realidad, por eso el terapeuta debe conocer sus tendencias sistemáticas de sus percepciones hacia las comunicaciones del cliente. Debido a que los terapeutas rogerianos actúan en el marco de referencia del cliente, hay menos riesgos de error que si lo hicieran desde su propio marco de referencia. Según Rogers, el tipo de conocimiento de sí mismo que debe tener el buen terapeuta, no se refiere a un conocimiento intelectual sino mas bien existencial, en palabras de Rogers "es una apertura constante a la experiencia". Este conocimiento es lo que realmente importa en la interacción interpersonal. Gracias a estas actitudes, los terapeutas organizan los sentimientos del cliente y los temas en discusión sin hacer frecuentemente otra cosa que utilizar palabras diferentes para volver a exponer lo que los clientes acaban de decir, plantean preguntas inconcretas con las que obliga al cliente a hablar sobre lo que sea más importante para él; mostrando en todo momento una aceptación incondicional de todo lo que dice el cliente, como persona. El papel del consejero no es de mera pasividad o una política de laissez-faire, porque esta pasividad es percibida por el cliente como un rechazo dado que la indiferencia de ninguna manera puede ser igual que la aceptación. Esta posición puede ayudar a algunos clientes que necesitan una catarsis emocional, pero a largo plazo los resultados serán mínimos, creando entre los clientes decepción, desánimo y desilusión. En segundo lugar una actitud de laissez-faire hace que el cliente no se sienta como una persona de mérito. Otro papel es el de clarificar y objetivar los sentimientos del cliente. "A medida que el cliente proporciona el material, es función del terapeuta ayudarle a reconocer y clarificar las emociones que experimenta". Pero esto es una descripción parcial de lo que hace el terapeuta rogeriano, y además no hay que asumirlo literalmente porque se corre el riesgo de ser demasiado intelectualista, y tampoco se pretende que a través de esta función, sea el terapeuta el que conoce los sentimientos del cliente porque esto significaría sutilmente una falta de respeto. Por lo tanto, es una función limitada. Otra función es la de reestructurar el yo y su funcionamiento integrado: El cliente ve en el terapeuta un yo genuino que le permite verse a sí mismo objetivamente y prepara el camino para aceptar en el yo todos los elementos que antes estaban confrontados. Es la calidez emocional de la relación con el terapeuta, la que permite al cliente experimentar sentimientos de seguridad, que le permite explorar y dar significado a su conducta. Así se va reorganizando en el cliente un yo que es conocido y aceptado por el terapeuta, esto hace que el paciente al sentirse aceptado él también se acepte sus aspectos positivos y negativos sin tener sentimientos de culpa; puede hacerlo, según Rogers y su teoría porque otra persona pudo aceptar su marco de referencia, percibir con él y percibirlo con aceptación y respeto ( pág. 50,"Psicoterapia centrada en el cliente 1951). Visión de la relación entre terapeuta y cliente. Todos los terapeutas coinciden en que la relación entre el terapeuta y paciente es importante, pero no deja de haber diferencias entre ellos en su consideración de lo que es la "relación". Por ejemplo, las "Relationship Therapies" ponen mayor énfasis en la relación como factor de cambio sin embargo las "Insight Therapies" explican la relación por la explicación y la interpretación del inconsciente. Estos tipos de terapias no se excluyen entre sí. Otros ejemplos que indican que existen diferencias en lo que para cada orientación es la "relación" son las terapias de orientación existencialista e intelectualista. Mientras estas ultimas utilizan mayormente la inducción y deducción para poder descubrir las relaciones que existen en la experiencia del sujeto, además de un lenguaje técnico en su interacción con el cliente. Sin embargo las terapias de orientación existencialista, evitan toso esto, porque lo consideran causas del desvío de curso del proceso, porque al utilizar la lógica, la abstracción, en lugar de transformación no hay mas que información. También se pueden diferenciar unas terapias de otras en las cualidades de esa relación, es decir, que es lo que de un valor terapéutico a dicha. A la hora de ponerse de acuerdo entre legos y expertos, se han hecho diferentes estudios sobre lo que consideran que es la relación terapéutica y sugieren que la mejor relación terapéutica puede estar relacionada con las buenas relaciones interpersonales en general. ¿Cuáles son las características de esta relación ideal? Se pueden dividir en dos categorías: - lo más característico: El terapeuta es capaz de participar completamente en la comunicación del cliente. - muy característico: Los comentarios del terapeuta están siempre de conformidad con lo que el cliente trata de transmitir. El terapeuta ve al cliente como un colaborador en un problema común. El terapeuta trata al cliente como un igual y es capaz de comprender los sentimientos del cliente tratando de comprenderlo. El tono de voz del terapeuta transmite la plena capacidad de compartir los sentimientos del cliente. Aquí se pone de relieve la necesidad de tener una serie de actitudes como la empatía y respeto que deben impregnar la relación. Según G. M. Kinget, el crear una atmósfera adecuada en los primeros momentos de la relación, es un factor ineludible, dado que el paciente viene en un estado de indefensión, angustia... que le proporcionan una perspicacia, de tal forma que es susceptible y sensible a elementos sutiles dándoles mas importancia de la que tienen y todo esto será objeto de charla en la terapia. Por esto, la relación paciente - terapeuta se debe crear en una atmósfera de seguridad y de calor. Según los rogerianos la seguridad es un factor importante en la reorganización psíquica, y el calor es una actitud afectiva (cualidad hecha bondad, de responsabilidad y de interés desinteresado) que el terapeuta debe adoptar respecto de su cliente. No se trata por otro lado de algo que se manifiesta externamente sino que está implícita en la conducta del terapeuta que no se muestra de forma explícita para que no ponga trabas al progreso del cliente. La relación entre terapeuta y paciente tiene un significado y afectos que están determinados por ciertas cualidades, que las hacen verdaderamente terapéuticas o simplemente sentidas como agradables y estimulantes. El rogeriano considera determinados atributos que son importantes en una relación terapéutica y que los diferencia entre otras de la Psicoterapia Psicoanalítica que consideran la relación como una relación transferencial (el sujeto percibe al terapeuta, sobre todo en las primeras fases del proceso, como una figura importante de su pasado). Estos atributos son: COMPRENSIÓN: Además de la seguridad y el calor, la comprensión es la parte más importante para poder dialogar. Es entendido por aprehensión del sentido de las palabras o expresiones del cliente. Algunos autores utilizan como sinónimos el calor y la comprensión. La comprensión tiene un carácter verbal y no verbal o fisiognómica: - No verbal: Es la comprensión más primitiva, es decir, que se capta algo de la experiencia del otro por medio de indicios físicos, pero sin mediar palabras y que también expresan, sobre todo estados inferiores afectivos. Se da en una relación estrecha y positiva, ayuda y complementa a la comprensión verbal. - Verbal: Dentro de este apartado se clasifican diferentes tipos de comprensión verbal: - compresión verbal: se caracteriza porque apenas va más allá del nivel de las palabras, desprovista de valor explicativo justificativo. Suele ser engañosa, se puede dar en la entrevista terapéutica. Son frases que parecen muy interesantes de oír, pero que no conducen a gran cosa. Su valor terapéutico radica en que es importante para formas mas articulada de comprensión. - comprensión lógica: Refleja causalidad, al menos, de secuencia lógica. En cuanto a su valor terapéutico no parece necesaria para que se produzcan efectos terapéuticos, esto puede ser causa de ofensa en algunos, pero según los rogerianos no es imprescindible para el éxito de la terapia, es decir, para que el sujeto crezca y se produce una estructuración psíquica y cambie su modo de percepción, todo esto más importante que la toma de conciencia, es decir, el grado de cambio que ha habido en la imagen que el cliente se hace de si mismo. - compresión dinámica: Es propia del especialista, porque él posee los conocimientos para deducir y comprender aspectos profundos (impulsos, necesidades inconscientes) que se mueven en el sujeto, a partir de los datos que aporta este. Sus conclusiones no pueden darse con validez total vs las conclusiones lógicas. Por eso aquellas se llaman interpretaciones. Aunque suelen utilizarse de forma inconsciente, los rogerianos no la utilizan de forma deliberada excepto en orientaciones no estrictamente rogerianas. En estos casos esta contraindicado porque perjudica al cliente. - comprensión empática: A diferencia de la anterior, no interpreta los datos que el sujeto da, sino que se esfuerza por aprehenderlos tal como los presenta (va más allá de la verdad "objetiva"), y es superior porque da oportunidad al cliente a realizar un aprendizaje de sí mismo que debe seguir durante toda la vida mediante la comprobación de sus percepciones y su corrección. Esta comprensión es difícil de practicar, sobre todo porque para ello hay que saber adoptar el punto de vista del otro, moverse por el mundo subjetivo de los demás, y despojarse de la comprensión dinámica. TOLERANCIA Parece ser que el término al que se quieren referir es más "permissiviness" que "tolerancia". Hace referencia a la "libertad" concebida al cliente. Desde la perspectiva clásica (Freud) había que ser tolerante, sin desaprobar conductas socialmente reprobables, manifestaciones sexuales, agresivas, infantilismo... que se realizaban frente al analista. Sin embargo los rogerianos, se refieren a todo lo que el sujeto quiere contar (confidencias, cosas triviales, conductas manifiestamente defensivas). El paciente es libre y esa libertad debe ser empleada por él para descubrirse, y esta "obligado a hablar libremente". Pero esto no lo plantea explícitamente el terapeuta pues corre el riesgo de que el cliente entre en crisis y abandone terapia. A diferencia de esta terapia, otras consideran la tolerancia más limitada y condicional. RESPETO Este concepto planteado por Rogers, es relativamente nuevo en el terreno de las relaciones humanas. El respeto que nos induce una persona es porque tiene habilidades, conocimientos, etc. Sin embargo, el que muestra el terapeuta por el cliente es incondicional, gratuito, el paciente no tiene que hacer nada para merecerlo. La forma de expresarlo depende del concepto que tenga el propio profesional del fenómeno terapéutico, es decir, de la estructura de la relación. El respeto según los rogerianos hay que mostrarlo ante el paciente por el hecho de que sean personas únicas, con una influencia genética, constitucional y del medio únicas. Justifican el respeto a ese cliente porque es un ser capaz de elección, porque esta actitud es la base de multitud de elecciones que el cliente puede tomar y que todas ellas sean respetadas por el terapeuta rogeriano. Toda persona que elige de forma libre mejorar y sanar su "yo" es objeto de respeto, y no solo estos sino aquellos que han sido obligados a realizar el tratamiento pero que se ve en ellos cooperación y compromiso personal para superarse. ACEPTACIÓN La combinación de todas ellas, en una actitud de acogida, es denominada por los rogerianos con el nombre de aceptación. Es una actitud incondicional. Hay que diferenciarlo de aprobación porque este incluye valoración y juicio sin embargo la aceptación no. M. Kinget dice: "el objeto de esta actitud incondicional no es una abstracción tal como "el cliente como ser humano", "el ser potencia", "la personalidad en que puede convertirse o que podría haber sido". Es el cliente en su totalidad, tal como existe, hic et nunc. Lo que es aceptado es pues, la persona como sistema dinámico de actitudes y necesidades en su orientación actual. Se ha observado que la aceptación incondicional está relacionada con la disminución del nivel de angustia. Puede existir la duda de si hay o no una auténtica aceptación incondicional, porque muchas veces los valores, sentimientos, opiniones del cliente pueden chocar con los del terapeuta y no podría aceptarlos sin violentar sus sentimientos. Según los rogerianos esto se produce por problemas conceptuales. Esta aceptación incondicional es difícil de concebir por personas que siguen marcos de referencia que no sea el propio a la hora de desarrollar la terapia. Así pues es necesario que se abandonen los criterios "realistas" y "objetivos" que aplican en sus contactos diarios, y han aprendido a sumergirse en el mundo subjetivo de los demás les es fácil llevar acabo esta aceptación incondicional. A continuación se presenta un texto de Rogers sobre la importancia de estos atributos o condiciones: Si me muestro capaz de crear una relación que se caracteriza, por mi parte, por una autenticidad transparente; por una acogida calurosa y por sentimientos positivos respecto de lo que hace que su personalidad sea diferente de la mía; por una capacidad de ver el mundo y el yo del cliente tal como los ve él mismo. En ese caso, la persona con quien yo sostengo tal relación se vuelve apta para ver y comprender por sí misma los aspectos que, hasta entonces, había negado a su conciencia; evoluciona, cada vez más, hacia el tipo de persona que desea ser; funciona con una facilidad y una confianza cada vez mayores; se actualiza como persona, es decir, como ser único que piensa y actúa de un modo que le es personalmente característico; se vuelve capaz de abordar los problemas de la vida de un modo adecuado y con menos gasto emocional. Según Rogers, este texto es válido no sólo en lo que se refiere a sus relaciones con el cliente sino también si se aplica a las reacciones con sus alumnos y colegas, con su familia y sus hijos. Tiene la impresión de que se trata de una hipótesis general que presenta enormes posibilidades en relación con el desarrollo de la creatividad, de la aceptación y de la autonomía en los individuos.
|