Volver a la página principal El pensamiento de Winnicott

De la experiencia a la existencia: Libertad y creatividad
por Saúl Peña K.

Conocí a Marion Milner en una de las reuniones de los miércoles de la Sociedad Británica. Era una mujer que indudablemente me atraía, tanto físicamente como por su identidad profesional y por su ideología de vida; era alta, delgada, su vestido era una de las expresiones que coincidía con la naturalidad de su espíritu y la libertad de su persona. Su actitud, una vez que la conocí personalmente, era receptiva y contemplativa con un sentimiento que trasmitía confianza y certidumbre, pero sin ninguna expresión seductora inapropiada; justamente su atractivo provenía de su sencillez y transparencia, a pesar de su actitud introspectiva.

Otro aspecto que me atraía era saber que aparte de inteligente y sensible, era una mujer básicamente creadora con mucha dignidad y coraje para expresar lo que sentía o pensaba.

Aceptó supervisarme y mi experiencia de supervisión con ella fue muy singular, ya que me acompañó con una presencia muy permanente, evidente y persistente sin influir en mi conducta o en mis intervenciones analíticas, las cuales seguía con mucho interés, trasmitiendo una atención muy especial en mi paciente.

Este era un niño de 9 años de edad, en el estado de latencia, inteligente, sensible y con una belleza muy especial; tenía un evidente talento para las matemáticas, la ciencia y la música. A pesar de estas cualidades, al inicio del análisis, se sentía deprimido y en un estado confusional en relación a su identidad que dificultaba su relación consigo mismo, con la familia y con otras personas. Su madre decía: "Parece como si estuviera formado por diferentes pedazos que no puede integrar". Este estado que experimentaba como desorientación, interfería en su conocimiento y trabajo, y le era muy difícil finalizar o completar cualquier composicion en el colegio. Su conflicto parecía originarse durante la fase edípica, debido básicamente a la enfermedad del padre (inválido con una artritis reumatoide) y con su propia enfermedad (una lesión valvular pulmonar congénita); había sido operado sin saber lo que pasaba y lo experimentaba como castración, venganza y abandono de ambos padres. Sentía que su madre lo abandonó o lo alejó y que no gustaba de él más. Como resultado se sentía tenso, colérico, muy deprimido y cerca al pánico; confundido acerca de su cuerpo y de su psiquis.

Esto se expresaba en su conducta al ir a parques, simulando ataques cardiacos y llamando a sus padres a gritos y como si fuera un bebe.

El conflicto edípico no resuelto, su confusión de identidad sexual y emocional, el temor a la castración y sus tendencias ambivalentes se ilustran en una sesión donde él separó los animales salvajes de los domésticos bajo una carpa; así, al mismo tiempo reconocía e intentaba integrar la ambivalencia, y por otro lado estaba temoroso de mezclar lo bueno y lo malo.

En sus juegos satisfacía su deseo edípico con la fantasía de ser el becerro que succionaba la teta de la vaca, pero provocando los celos del padre toro. Sus defensas más sobresalientes eran la regresión, la escisión, la proyección, la represión y las defensas maníacas (idealización, compensación, negación, inversión y huida). Los conflictos orales, anales y fálicos tenían un importante rol en su psicopatología.

En la transferencia, la madre jugó un importante rol al inicio del análisis como una figura amenazante e idealizada. Después, yo ocupé el lugar del padre ideal que él hubiera querido tener y que sentía no tener. Durante el primer año de análisis fue capaz de expresar sus sentimientos, pensamientos y fantasías con menos ansiedad. Tomó seriamente su análisis, hizo grandes esfuerzos en colaborar y demostrar un buen nivel de insight y conciencia de su inconsciente y de los factores emocionales en su conducta y en sus relaciones humanas. Gradualmente se fue sintiendo más libre y se inició el cambio de la confusión a la integración que lo ejemplificaba en su mente cuando decía: "Yo estoy ahora en el camino recto y no en el zigzagueante". La evidencia confirmatoria de este cambio, aparte del mismo proceso analítico, vino del reporte de la escuela en el que mostraba un real interés en el trabajo, en su habilidad de pensar profundamente acerca de los temas, discutirlos, hacer preguntas interesantes, y ser muy amistoso y útil. Además fue aceptado en una escuela importante entre un gran número de postulantes.

El sentía que el análisis lo ayudó muchísimo a reparar su sufrimiento y su yo (ego) lesionado junto con la imagen internalizada de su padre y mostraba una sorprendente capacidad para una función reparativa y gratitud, de modo que la experiencia analítica fue conduciéndolo a un gran desarrollo yoico, a una inhibición menor, a un cambio en su estructura superyoica y fue capaz de trabajar sus problemas de separación y el sufrimiento inherente a ésta, pero con evidentes muestras de una internalización restitutiva, consistente, real y creativa.

A través de la supervisión y de mi experiencia con Marion Milner pude incorporar en mi vínculo con mi paciente y hacer consciente para él que su vida no era propiamente suya, sino habitada extensamente por la invalidez de su padre que lo invalidaba a él. Durante el proceso analítico y con sus evidentes muestras de insight, de working through y de una relación muy significativa con el analista, gradualmente fue recuperándose y logró alcanzar la autonomía y pertenencia de su cuerpo, de su psiquis, de su mente y de sí mismo sin excluir a su padre, pero manteniéndolo ya no como un elemento invasor y paralizante sino como una imagen diferenciada, separada y también querida, pero que ya no lo limitaba.

El interés de Marion Milner por lo esencial era como un descubrimiento que se fue dando a través de los encuentros de supervisión, permitió para mi paciente el logro de una identidad independiente y un Eros flotante.

Aprendí muchísimo con Marion Milner lo que significa una escucha y observación auténtica y continua que no sólo pertenecía a los oídos sino a todo el cuerpo. Al intervenir poco y más observar el desarrollo del proceso, me trasmitía dos cosas: un gran respeto de la intimidad y la privacidad de mi vínculo con mi paciente. Al mismo tiempo con esta actitud era como si validara mi trabajo no porque estuviera totalmente de acuerdo conmigo, sino que consideraba que era algo que pertenecía a mi paciente y a mí, a nuestra experiencia y en la cual trataba en lo posible de no ser sentida como una intrusa. A través de su silencio y de su escucha permitía que yo volviera a ver con ella lo que había sucedido en la sesión y descubrir, en esta lectura, el desarrollo que se estaba dando entre mi paciente y yo, como aspectos no sólo teóricos sino vividos, entendiendo de esta manera su psicopatología (omnipotencia, narcisismo) y la mía propia.

Así, cuando señala en sus escritos que su tarea ha sido la de tratar de manejar su vida, no de acuerdo a la tradición, la autoridad o la teoría racional sino mediante la experiencia, es absolutamente cierto lo que dice, agregándole la palabra de experiencia a existencia que es un sustento en el cual propongo que una experiencia auténtica vinculada a un determinado momento o a varios se va a ir transformando gradualmente en una forma de existir o en una existencia que tiene connotaciones inconscientes, ideológicas, filosóficas y éticas.

En el vínculo con ella se reflejaba un espacio que se extendía libremente no sólo al círculo que rodeaba el lugar que ocupábamos y el contenido de mi relación con mi paciente, sino que se extendía a toda la habitación e incluso se ponía en contacto con el ambiente externo.

Su curiosidad y sus motivaciones de fondo eran otros aspectos relevantes y factibles de identifi cación saludable relacionados siempre no solamente al análisis sino a lo trascendente que era para ella el compromiso existencial con la vida.

El mirar con una perspectiva amplia, sin decir nada y preparada para lo inesperado (Winnicott), permitía distinguirla de una perspectiva estrecha con propósitos, intenciones y juicios definidos. De esta manera su actitud facilitaba la atención libre y flotante y la calidad de la conciencia, así como la importancia de lograr una experiencia en el propio análisis que yo llamaría de felicidad y sufrimiento compartidos, vecinos o íntimamente cercanos a la fuente de una creatividad auténtica.

La experiencia sentida claramente en la transferencia y en la contratransferencia como una disrupción de nuestra identidad que nos pudiera hacer perder nuestra relación con el ambiente y con uno mismo, nos acercaba a la posibilidad de entender el riesgo del paciente de la percepción de inexistencia.

Otro aspecto que trasmitía su persona era su vínculo con una actitud analítica pero al mismo tiempo filosófica, ideológica y poética, relacionada al paciente pero extendida y rescatada hacia la humanidad, enfatizando que era impropio ver sólo la ridiculez del paciente o de la humanidad, como solamente su dignidad, y que uno de los errores que se convertían en distorsiones flagrantes era creer que cualquier expresión pudiera ser la última palabra.

Su conducta trasmitía la importancia de la recuperación de aspectos de uno mismo, del paciente y de lo indispensable de lograr confiar en ellos, que era algo cercano a la autonomía.

Esta era la condición sine qua non para lo que en análisis podría llamarse una entrega absoluta sin desmedro del peligro, del riesgo de la pérdida de la individualidad, de la diferenciación, de la individuación, de la autonomía, de la libertad sino muy por el contrario como una experiencia que también enriquecía, fortalecía y consolidaba.

Asimismo, daba la impresión de un proceso paralelo entre su propio recuerdo y sus propias vivencias que se podían distinguir como su contratransferencia creativa. Marion Milner los descubría en sí misma, permitiendo percibir el logro de una capacidad humana vinculada al caos interno. Es indispensable que el analista se encuentre preparado para introducirse en vivencias aterradoras, amenazantes, de desarraigo, de desvalorización, de desolación del paciente, elementos próximos a un símbolo de muerte, vicisitudes incluidas en la vida y que estimulan a ésta a perder el miedo y prepararse para aproximarse a lo que no es uno, al no-si mismo.

Su pensamiento psicoanalítico técnico y teórico tiene una constante referencia a su experiencia personal profunda, descubriendo definitivamente un paralelo entre su actividad y mi propia actividad que integran ambos aspectos. Su desesperanza, su sentimiento de nada, hechos conscientes dieron paso a la serenidad y su mente produjo ideas creativas sobre aquellas que no tenían posibilidad, es decir un impulso que si era entendido y usado adecuadamente era clave para el bienestar.

Es necesario entender al otro y reconocer su necesidad para convertirse en alguien. Es la capacidad poética de un proceso que no es un escape de la realidad sino todo lo contrario, realidad interna percibida en toda su plenitud, aproximada a la verdad de su experiencia, más que a un razonamiento abstracto, con significados múltiples, sin excluir los aspectos sexuales o de fertilidad, involucrando un nivel de creatividad que completa su noción de ser, es decir el atravesar entre lo interno y lo externo y cómo todas estas experiencias integran su pasado y su presente.

Uno se da cuenta cómo Marion Milner integra e introduce en el análisis la cotidianeidad permanente de su existencia y una conciencia corporal interna que cobra mucha importancia, que forma parte de ella pero que al mismo tiempo es diferente a ella.

Es como si integrara su cuerpo con su conciencia y como si alimentara a ambas. Al mismo tiempo que percibiendo la existencia no solamente de aspectos creativos sino descubriendo que sus propios oponentes internos se convierten en co-creadores, integrando creación con destrucción celularmente y tendientes a un lugar y fuente de transformación.

La creatividad que nos trasmite Marion Milner es indisciplinada, impredecible y llena de subjetividad pero espontánea y vitalizante y con énfasis en la mutualidad.

Tolerar el estado de desconocimiento (capacidad negativa). La creatividad es el descubrimiento de lo que no habíamos pensado ni imaginado alcanzar y posiblemente va acompañado de un tipo especial de vulnerabilidad que pertenece a ambos. Es decir la vulnerabilidad entendida como la pérdida de lo que pensábamos que sabíamos. Dispuestos a abandonar nuestras preconcepciones y muchas veces a no saber qué es lo que estamos haciendo. Estamos remecidos por experiencias en el transcurso de los análisis que estamos llevando a cabo.

De todo esto surge algo indefinible que depende de la individualidad del analista. Las palabras que surgen son tacto, intuición y empatía como elementos indispensables.

La fuente de su contribución a la creatividad surge de un estado mental que permite una percepción más profunda de la verdad, al dejar de lado el supuesto del conocimiento y al abrir la visión propia de la manera más amplia posible hacia lo que no se busca y no se piensa, es decir en la réplica interior se puede sustentar que existe la base potencial para una teoría de la creatividad psicoanalítica.

Para que exista un análisis creativo tiene que haber la mutualidad analista-paciente. En mi lenguaje diría que para que exista un análisis creativo tiene que existir la mutualidad de los inconscientes, la naturalidad, espontaneidad, autenticidad, libertad, la joie de vivre (la alegría de vivir) y el sufrimiento saludable; de ahí que el aburrimiento sería un elemento básicamente contrario a la creatividad, a no ser que el analista lo transforme en lo contrario.

PRAXIS, TEORIA Y CULTURA: ENTRE EROS Y TANATOS

Mi cuarto paciente de formación -un adolescente- lo supervisé con Masud Khan. Conocí a Masud igual que a Winnicott y a Marion Milner, en las reuniones de los miércoles. Fue en un momento que él ingresaba al salón, de repente encontramos que nuestras miradas eran dirigidas del uno al otro y posiblemente por una razón similar, es decir nuestra mutua sorpresa por lo desconocido. Ninguno de los dos retiró la mirada, lo que indicaba probablemente, de acuerdo a Winnicott, y a pesar del componente agresivo, que de ambos lados hubo un liking.

El era una persona diferente a la mayoría, de evidente contextura indo-pakistana: alto, moreno, buenmozo, interesante, con un matiz de orgullo, de superioridad e incluso cierto rasgo de soberbia. En sus intervenciones mostraba mucha seguridad, inteligencia, erudición y conocimiento profundo del tema.

Fui a buscarlo, tenía su consultorio frente a Harrods en un lugar exclusivo y aristocrático; me abrió la puerta un joven, bajito, pero muy vivaz y agradable, haciéndome pasar a una sala amplia, con ventanas grandes y con un sillón rodeado de rumas de libros. Apareció Mr. Khan y luego de saludarnos me hizo directamente una primera pregunta: -"¿Usted quiere que lo supervise debido a una sugerencia de la Dra. Heimann o por usted mismo?" -"Creo que la respuesta que le voy a dar es la que usted está esperando, que mis elecciones son propias, le respondí; eso sí, una vez que se lo manifesté a la Dra. Heimann, no sentí ninguna objeción, muy por el contrario, quizás una aceptación". De inmediato me dijo que con gusto me aceptaba, pero con una condición: que mientras yo le enseñara, él continuaría supervisándome, y que el momento en que yo dejara de hacerlo, me arrojaría de la supervisión. Acepté el desafío, entendiéndolo en debida forma. Siempre me recibió con una taza de café con leche y galletitas. Me decía: "¿A usted le gusta el café con leche y los biscuits, verdad?"

La supervisión era de un adolescente de 16 años que vino al análisis debido a la infelicidad y a la depresión profunda que determinó que dejara de ir al colegio a pesar de ser un excelente estudiante y capaz de llegar a la universidad. Inteligente, sensible y con una evidente y permanente expresión depresiva en su rostro y muestras de inhibición y lentificación corporal. Tenía sentimientos de estar desligado que lo atemorizaban y lo asustaban haciéndolo sentir como si fuera a desaparecer o a perder control, a dividirse y escindirse. "Era como si un nuevo yo mirara al viejo yo y que el nuevo iba a hacer desaparecer al viejo". Esto es lo que lo hizo sentir que había algo anormal en él (síntomas de despersonalización).

Se sentía tímido, avergonzado, miserable y no deseaba salir solo. Como antedecentes, tuvo lactancia materna de un mes y medio y un destete prematuro que continuó con la mamadera porque no ganaba peso.

Su hermano dos años menor, era más grande que él y completamente diferente: de cabello largo, de camisas brillantes, de pantalones blancos y zapatos de fantasía.

Su padre murió a los 33 años, cuando él tenía seis años de edad, de una hemorragia cerebral. Era evidente que lo seguía echando de menos. Hacía un año había perdido su primera y única enamorada que lo dejó por otro.

Cuando volvió al colegio lo cambiaron de clase y encontró que no conocía a nadie. Sentía temor de qué pensarían de él; que lo miraban permanente y persistentemente, esto lo hacía incluso sentirse perseguido con sentimientos suspicaces y con matiz paranoide que disminuía al estar acompañado. Se sentía confundido, tenso, ansioso y sofocado. Le disgustaba estar en un cuarto pequeño sin ventanas y al mismo tiempo en espacios abiertos. Desde la muerte de su padre sólo se había vinculado con su madre, tía y abuela.

Su madre tuvo una relación con otro hombre que finalizó a los dos años, cuando el paciente tenía de 10 a 12 años. La masturbación lo hacía sentirse tremendamente culpable. Sus conflictos más relevantes eran el edípico no resuelto, una confusión de identidad sexual y emocional y temor de castración, lo mismo que problemas de dependencia e independencia de su madre y un superyo tiránico y punitivo. Sus defensas más sobresalientes eran claramente la regresión, la represión, el splitting, la proyección, las defensas maníacas, la sobreidealización, la omnipotencia y las angustias depresivas y persecutorias.

El análisis de este paciente, al inicio me hizo aprender mucho del silencio. Era muy poco lo que hablaba y comunicaba a pesar de su puntualidad, consistencia, continuidad e interés. Cuando hablaba decía: "No sé qué decir, no sé por dónde empezar y me preocupo por tratar de decir algo que realmente sea importante. Una vez que empiezo, es algo más fácil, necesito un punto de inicio; necesito alguien que me diga 'habla acerca de esto, así y asá'. Así que soy el segundo que habla, no el primero. Estoy temeroso de empezar, de estar vivo y de reconocer mi existencia."

Empecé diciéndole que él me hacía sentir la ausencia y la carencia de su comunicación verbal como un medio de trasmitirme cómo sentía la ausencia y la carencia de comunicación con su padre y últimamente con su enamorada. Luego trabajamos el acúmulo de agresión reprimida y dirigida contra él mismo por no poder dirigirla hacia afuera, como si tuviera el temor de que si empezaba a ser capaz de hacerlo yo, igual que su padre, me moriría y que él sería causante de mi muerte, como se siente en relación a la desaparición de su padre.

Por supuesto que estas ausencias, carencias y deprivaciones se extendían a experiencias igualmente tempranas con su destete prematuro y no sólo del pecho sino sentidas de la madre.

Se trabajó igualmente cierto sentimiento de gratificación al autocastigarse y castigar al otro, para luego volver a sentirse culpable y seguir el círculo vicioso.

Manifestó que no podía sacar a esta chica de su mente, se sentía perdido que era lo único que le importaba, que no podía admitir el fracaso, que se sentía culpable de no haber sido más deseable y que la tenía como una obsesión permanente, que esto precipitaba su depresión. Que se sentía paralizado y no sabía qué decir; sin embargo, las películas, la música y la televisión eran paliativos.

Sentía que había perdido su libertad, odiaba el colegio y el edificio y negaba su necesidad de amigos, manifestando no necesitar ninguno pero reconocía sentirse atrapado y cortado, con dificultad de distinguir lo que le gustaba y lo que no le gustaba, lo que estaba de acuerdo y lo que no estaba de acuerdo. Cuando jugaba fútbol se mantenía lejos de la pelota y solamente defendía.

"Una parte mía tiene memoria y continuidad, la otra, dislocada. Tengo sentimientos de compasión, de sufrimiento, de inadecuación, indignación, repulsión y agresión por mí mismo." Trataba de aparecer como si rechazara el goce y el placer y una manera de ser poderoso era ser miserable y mórbido.

Sus sueños eran muy transparentes y a través de sus asociaciones se percibía una relación muy estrecha entre el contenido manifiesto y el latente; soñaba con su enamorada, el hermano de ella y su hermano. Ella le tiraba la pelota a su hermano, pero le rebotaba a él. El cogía la pelota y trataba de dársela a su hermano pero ella venía y tomaba la pelota de él. Sueño indudablemente expresivo de resolver su bisexualidad difiniéndose por su heterosexualidad y de ser el preferido y el elegido de ella.

Otro, describió más bien la realidad de lo ocurrido: la enamorada, él y dos jóvenes; él se fue con uno de ellos y cuando regresó, la encontró con alguien, ignorándolo a él.

En la segunda parte de este sueño, se repite la situación dentro de un cuarto con una chica, se voltea por un momento y la encuentra con otro y esto lo hace sentirse muy molesto. Lo importante acá era la aparición en el sueño de lo que negaba en la realidad; era su molestia.

Otro sueño fue de no poder abrir los ojos, como un no querer ver la realidad por lo dolorosa y penosa que era (identificación igualmente con el padre muerto), pero al mismo tiempo, la invitación para gradualmente recuperar la posibilidad no solamente de abrirlos y ver la realidad sino enfrentarla, sufriéndola, viviéndola y superándola.

El cuarto sueño es uno en el cual se quema una ciudad, pero él monta un caballo, toma a su enamorada y rompe ventanas como expresando lo que había significado para él las pérdidas, como si se hubiera sentido quemado pero al mismo tiempo, mostraba signos de recuperación y de utilización de su agresión y de la libido, rompiendo la represión que lo paralizaba, saliendo de su abulia, de su inercia, de su situación estática.

En el quinto sueño estaba echado, igual como se está en el diván, indefenso y vulnerable; alguien le podía disparar con un arma o matarlo con un cuchillo o destruir sus ideas, como si estuviera, decía, entre la vida y la muerte pero poniendo la muerte ya no en él sino en el afuera, sintiendo esta amenaza en él mismo y sutilmente expresando a través del proceso del análisis el conflicto entre vida y muerte en el cual estábamos inmersos. Como él decía, al asociar este sueño, "superar la barrera cerrada".

El sexto sueño era la mamá, el hermano y su perro caminando hacia la casa de los abuelos en un balneario. Al final de la calle había una gran pared, una reja, una gran casa con puertas abiertas, un hombre, el padre de su enamorada, gente confundida, un cuarto pequeño, cuatro personas, la mitad de él dentro y la mitad fuera. Tenía 10 años de edad, estaba sentado en una cama cerca a otros, su hermano estaba ahí y una chica estaba sentada en una silla en el cuarto; la que estaba sentada junto a él era una niña; la vio vagamente. Ella le dijo algo confuso. En sus asociaciones recordó que cuando tenía 10 años murió su perrito, pero reía para ocultar su depresión. Luego dijo: "Mi mente no está vacía ya, tengo ideas y deseos, pero confundidos. Qué difícil olvidar a esta chica, porque era lindo estar con ella".

Es importante quizás mencionar que Masud le daba una importancia diferenciada y singular, aparte del contenido del sueño a cómo se vivía o se experimentaba el sueño, como una forma de aproximarse a la vivencia misma.

El paciente empezaba a expresar sentimientos de temor a la excitación. Se sentía ensombrecido por su madre y por su abuela que no podía seducir. Quería un padre; sentía el deseo de recuperar un sentido de continuidad, unidad e integración. Empezaba a comprender que la agresión podía ser peligrosa y creativa. A veces se sentía como una chica hablando a otra chica y con imposibilidades de actuar, encontrando difícil reconocer el descubrimiento de la sexualidad, la acción y la energía, pero al mismo tiempo empezando a descubrirla. También empezaba a tener deseos de jugar el rol del padre. A través de su análisis fue recuperando su capacidad de estudiar, pasó los examenes de química, física, matemáticas y dibujo técnico exitosamente y pudo obtener un trabajo como aprendiz en la oficina de Telecomunicaciones del Correo.

El análisis lo capacitó para tener muy buena comprensión de su inconsciente, más integrado y dejando de experimentar síntomas de despersonalización. Hablaba más de lo que acostumbraba, estaba más contento y sociable y con un sentido del cuerpo. "Ya puedo hacer una cantidad de cosas. Me siento más real. Ahora debo ser mi real self, con más sentido de pertenencia y con interés en las cosas; antes no tenía interés en nada. Ya no quiero estar retirado; quiero estar acompañado y hacer algo creativo. Estoy fascinado por las pirámides de Egipto y la celebración de los muertos. Yo estoy muy atado a mis zapatos viejos pero pienso que me voy a adaptar a los nuevos".

Empieza a experimentar estar relacionado y separado, capaz de argumentar con su madre. Ver los aspectos positivos de la agresión y distinguir formas de relación; sentirse conmigo en mi presencia y en mi ausencia, como que cuando le hablaba lo acercara al uso de su imaginación: "Aun si usted no dice nada, usted no se empaqueta y se va. Podemos hacer cosas diferentes y aceptar uno al otro. Ahora me doy cuenta de la diferencia entre imaginación y alucinación, entre fantasía y realidad. Incluso entiendo la teoría de la interpretación y el descubrimiento, el juego, el espacio, la agresión, los deseos de muerte y el análisis de la expresión. Usted me ha ayudado a encontrar mi vida interior. Tengo que reconocer que es como si hubiera recuperado a mi padre e incluso tener una madre diferente y estar preparado quizás a la desilusión y al duelo".

Creía en los beneficios del análisis y expresaba su gratitud. Tuvimos que suspender el análisis por mi retorno al Perú, pero él quería continuarlo con alguien. Fue capaz de trabajar sus sentimientos de ansiedad por la separación.

En Masud Khan encontré a una persona que me dio la posibilidad de reconocer y de comprobar aspectos muy diferentes a lo que se creía de él y que posiblemente eran también ciertos. A mí me enseñó la importancia de integrar la experiencia clínica a la teórica. El significado de la reflexión, de la conceptualización y de la abstracción; al mismo tiempo que la necesidad de las fuentes bibliográficas y de las experiencias de otros que uno podía validar o discrepar críticamente, a través de la propia experiencia. Igual, de la importancia que el analista sea un hombre de mundo y un amante de la cultura; que lograr ser un hombre culto, a través de la vida y de los libros, ampliaba profundamente las posibilidades como analistas. Ahí aprendí que cuando uno viaja a un posgrado, tiene que cumplir con tres requisitos: la experiencia profesional, la cultural y la humana que es lo que traté de hacer durante los seis años que pasé en Londres.

Eramos dos personas potencialmente agresivas y sin embargo en su vínculo conmigo, él cultivó la ternura, la delicadeza con muestras de una sensibilidad fina. Me daba el sentimiento de estar permanentemente disfrutando de las sesiones y de su estímulo y orientación a profundizar y escudriñar en ella. Tan es así que cuando tuve que presentar mi informe de los primeros seis meses de análisis, él me dijo: "Dr. Peña, por qué usted es tan injusto con usted mismo. Esto que usted ha escrito acá, de ninguna manera hace honor a lo que yo sé que usted ha venido haciendo por su paciente. Me va a disculpar...", diciéndome que esperaba que yo presentara un informe en el que diera cuenta, a través de mi sentir, de mi recuerdo, de mi conceptualización y abstracción, lo que había sucedido. Yo le di toda la razón y le dije que verdaderamente el informe que había presentado, era simplemente una formalidad de cumplir con la institución. Que era interesante, le dije -dado que él me había brindado la posibilidad de una comunicación amplia y abierta, pero al mismo tiempo, también era un rasgo mío- que teniendo él un prestigio tan cuestionado y hasta criticado en la Sociedad, él me estaba dando a mí una lección de ética que yo se la agradecía profundamente. En el momento en que redacté y le presenté el nuevo informe, se le abrieron los ojos, y me dijo: "Esto sí es un informe, Dr. Peña."

Otro gesto que tuvo fue el de no aceptar cobrarme y no como una forma de seducción o de ganancia secundaria, sino como una genuina captación de mi realidad. El me dijo: "Mire, Dr. Peña, usted tiene que pagar su análisis cinco veces por semana, sus dos supervisiones de adultos y las dos supervisiones de niños que ya tiene; la mía sería la sexta, yo soy un hombre rico y no necesito que usted me pague".

Aparte de la supervisión había un espacio que iniciaba un vínculo de amistad que se mantuvo hasta su desaparición. A mi retorno, me dio dos cartas de presentación muy importantes, una dirigida a Stoller y la otra a John Frosch que me fueron muy útiles. Mantuvimos una correspondencia permanente y en una oportunidad en que pasé por una situación difícil, me llamó por teléfono desde Londres a la 1 y media de la mañana y me dijo: "Saúl, nosotros no vamos a morir fácilmente, a pesar de los deseos de muchos". Posteriormente cuando volví a Londres, encontré que estaba pasando por situaciones muy difíciles y que Anna Freud, que había sido lo mismo que Melanie Klein, su supervisora en la Sociedad Británica, lo acogió.

Para concluir esta comunicación quiero manifestar que en la formación como psicoanalista de niños y adolescentes es indispensable la supervisión y la experiencia de tres casos de edades distintas, de dos a cinco años, pre-escolar, de 6 a 11, de latencia o escolar y de 12 a 18, de un adolescente. Al mismo tiempo de seminarios teóricos, técnicos y clínicos, de la observación de infantes desde el nacimiento si es posible, semanalmente y por espacio de dos años con seminarios semanales. E, incluso, sería muy valioso para todo analista de adultos tener una experiencia de niños y adolescentes así no se vaya a dedicar a ellos, como para los analistas de niños y adolescentes tener la experiencia indispensable con pacientes adultos.

Continúo manteniendo un vínculo significativo y creativo con Donald Winnicott, Marion Milner y Masud Khan. A ellos mi más profundo reconocimiento y gratitud.

Volver al índice de articulos sobre el pensamiento de D. Winnicott

Fort-Da - El portal del psicoanálisis con niñosPsicoMundo - La red psi en Internet