Volver a la página principal El pensamiento de Winnicott

La presencia de Winnicott en mi persona
por Saúl Peña K.

(presentado en Milán, Italia 1998)

"Oh, mi Dios, pueda yo vivir cuando muera"
D. W. Winnicott

Este trabajo tiene que ver con lo aprendido en mi vínculo personal con Winnicott durante las supervisiones de mis casos, así como con la relación total con él. En segundo lugar con el libro "Relato de mi análisis con Winnicott" de Margaret Little, con quien me unió igualmente una relación muy estrecha de amistad y aprendizaje, y con las lecturas de la gran mayoría de los trabajos de Winnicott. Como dije en mi comunicación sobre este maestro, "Winnicott y la Sociedad Peruana de Psicoanálisis" (presentado en el V Encuentro Latinoamericano sobre el Pensamiento de Winnicott en noviembre de 1996), antes de iniciar mi vínculo y de aprender y disfrutar con él, ya existía una afinidad con su persona y sus ideas que motivaron mi acercamiento.

Hablar de la técnica de Winnicott implica la necesidad de un reconocimiento muy nítido y preciso de la subjetividad, objetiva o no, de quien transmite. A mi entender, es muy difícil aspirar a sustentar cuál es la técnica propia de Winnicott, ya que manifestaba que él era diferente en sus vínculos con cada uno de sus pacientes, con lo cual coincido plenamente, valorando la importancia de la distintividad. En otras palabras, lo que les voy a trasmitir son los aspectos esenciales, conscientes e inconscientes, que yo elijo de mi vínculo con él. Winnicott da una importancia fundamental a lo auténtico, condición indispensable para una aproximación a la verdad. Sin embargo, lo que es auténtico en un analista puede no serlo en otro. Dentro de la concepción de su técnica, más importante que seguir una recomendación precisa que podría ser equívoca, es la que se elige por lo que uno es. Esto, de ser uno mismo, es un elemento fundamental en la participación terapéutica del analista e influye en la importancia del gesto espontáneo que no significa libertinaje ni relajo ni ausencia de límites o de coherencia, sino todo lo contrario, y aquí estamos ya justamente sobre la paradoja.

Dentro de mis elecciones tienen prioridad los aspectos filosóficos, ideológicos y éticos que percibo surgen en él, no simplemente como manifestaciones idiosincráticas. La actitud, la escucha y el inconsciente del analista son aspectos sustanciales de su teoría.

Esto nos conduce a reconocer en nuestra ciencia un sustento fundamentalmente antidogmático y un rescate de la subjetividad-objetiva. Paradójicamente éste es el camino para alcanzar lo más objetivo. Su manifestación más lograda sería la pasión lúcida, acompañada de otras expresiones como el rapport, la empatía, la intuición, la creatividad, la originalidad y la intimidad, dándoles el lugar que les corresponde en ese específico paciente , en ese específico analista y en ese específico vínculo, luego de un proceso discriminativo, suficientemente bueno, en un medio ambiente facilitante y con un espacio potencial. A través del juego se van a evidenciar manifestaciones de fondo como el false o el true self en sí mismo y en el paciente. Es a través de la otredad que se logra la transformación del objeto natural en objeto simbólico.

La dialéctica es presencia-ausencia, ilusión-desilusión, yo-no yo, suficientemente bueno-perturbante, confianza-desconfianza, insa tisfacción-realización, encuentro-desencuentro, dependencia-independencia, receptivo-intrusivo, entrega-constricción, elemento femenino-elemento masculino, espontaneidad-influenciabilidad, verdad-falsedad, ser-hacer, vida-muerte, paradoja como inicio de la idea de contradicción, personas que viven como si fueran otros.

Donde encuentro diferencias es que Winnicott privilegia el ser, que a mi entender no puede desinstintivizarse; que el sentimiento de aniquilamiento y el de vacío tienen que ver con el instinto de muerte. Winnicott acepta la agresión, la agresividad, el odio, la rabia y la cólera. Si provienen del instinto de muerte o no, pasaría a un lugar secundario.

El psicoanálisis de Winnicott aprecia la creatividad primaria del ser humano, sus valores superiores. Coincido plenamente, agregando la raíz instintiva del ser, erótica y tanática. Percibo en el pensamiento de Winnicott un monismo, no dándole la misma prioridad al psicoanálisis como ciencia instintivista -y aquí una de mis discrepancias con él. Por el contrario, estoy plenamente de acuerdo con poner en tela de juicio el concepto de envidia innata mas no el del instinto de muerte que a través de toda mi experiencia clínica me parece evidente, tangible y visible, una realidad inevitable y constitutiva del existir tanto a nivel concreto como a nivel simbólico, a nivel de la salud, como a nivel de la psicopatología. Para Winnicott, supondría que frente a una experiencia penosa, falla ambiental, los instintos o el instinto se afectaría a través de la experiencia, perdiendo la continuidad del ser y de su objeto en el tiempo, sumerge en la catástrofe del vacío del no ser hallado y se traduce como desilusión, desesperanza y anhelo de muerte. Para él, la maduración, creatividad e integración del ser en el tiempo son las únicas actividades innatas.

La actitud de escucha de Winnicott era contemplativa, reflexiva y meditativa de la persona y su acontecer fundamental para encontrar lo humano en él y en su paciente.

La contribución winnicottiana adquiere dimensiones indispensables en el tratamiento y en la conceptualización de pacientes limítrofes y psicóticos (transferencia psicótica y borderline) que son expresión de una falla grave, temprana y duradera en que el analista tendrá que restituir en su vínculo materno de identificación primaria con el aspecto niño del paciente, justo en el momento en que éste empezaba a ser y donde se cortó la continuidad existencial, rompiendo la unidad psicosomática: carencia de holding (contener), handling (manejo) y backing (reforzamiento), todo ello incluido como sostenimiento. El trauma es una intrusión que proviene del ambiente y de la reacción del individuo a éste.

Lo que aprendí con Winnicott, además, es a estar preparado frente a lo inesperado. Cada experiencia es única, distinta e invalorable. Totalmente contrario a los dogmas y muy libre. El analista cometerá errores y tratará de restituirlos. El error es importante dado que es una manera de desidealizarnos. Quien no es capaz de reconocer su odio al paciente no puede trabajar con él, pues se produciría una colusión y no aliviaría el sufrimiento ni el dolor psíquico ni físico de sus pacientes y de él. La verdad que se descubre a través del mismo paciente se expresa en el alivio de su sufrimiento.

Para él la transferencia no se reduce a los términos libidinales, es una experiencia integrativa del ser y sostenida en el tiempo, con continuidad y maduración.

El introduce aspectos de sí mismo reconociendo sus errores o fracasos. No tiene respuestas inmediatas para las múltiples complejidades sino que necesita un tiempo: "Se lo haré saber cuando lo recuerde", mostrándose falible. Cuando el analista es bueno sustituye a la madre y a otras personas que fallaron; cuando es malo reactiva un pasado que se vuelve presente. Percibe la utilidad en el reconocimiento del error. Diferencia la repetición de la igualdad aparente ya que nunca se repiten dos actos. Siente la experiencia emocional compartida. La repetición puede cambiarse y madurar. La vivencia y anhelos están ligados a experiencias de satisfacción de recuperación del cuerpo, de la ilusión y de la propia naturaleza. Recrea lo ya dado, el libre deambular de la fantasía y el juego: un encuentro con la cultura.

La analizabilidad no depende de ciertas patologías severas sino de la propia posibilidad de percepción del analista. Lo importante es tener la capacidad ética de introducirse en la intimidad del ser y rescatarlo en una continuidad legitimante con el propio pasado personal, familiar y cultural.

El juego del analista-paciente consiste en vivir, experimentar, y descubrir, conduciendo a una mutualidad. Es ahí donde se ubica el espacio potencial, la experiencia cultural y la simbolización. El enigma es constitutivo de la experiencia misma de lo vital: deseo de saber, posibilidad de sentir y pensar.

El análisis se da en la superposición de dos zonas de juego: la del paciente y la del analista y está relacionada con dos personas que juegan juntas. Cuando el juego no es posible, el analista se orienta a llevar al paciente de un estado en que no puede jugar a uno en que le es posible hacerlo. "Transformar en terreno de juego el peor de los desiertos."

Winnicott manifiesta que el juego es universal y corresponde a la salud. Jugar es la capacidad que desarrolla libremente el área intermedia donde el adentro y el afuera se confunden en la experiencia vivencial. Jugar es vivir creativa, saludable y enriquecedoramente consigo mismo y con el entorno. Significa recrearse, divertirse, loquear. El juego es también ilusión y ofrecimiento. El escenario del juego es el espacio potencial.

En la experiencia de la confianza básica no surge un problema de separarse porque aparece un juego creativo y con ilusión, con sentido de realidad, significativo y descubridor. Disfrute de la capacidad de estar solo. Este espacio entre analista y paciente se extiende luego a la familia, al individuo, a la sociedad y al mundo.

El jugar y la experiencia cultural son experiencias vinculadas al pasado, al presente y al futuro que ocupan espacio y tiempo y pasan del ser al hacer.

En el análisis el juego tiene que pasar del dolor y del sufrimiento inevitables e indispensables al disfrute, al placer, al goce y hasta la felicidad. El juego con la locura, cualquiera que ésta sea, tiene que ser participando y acercándose a ella para permitir ir descubriéndose y aprendiendo de aspectos profundos no solamente del otro sino de uno mismo.

Cuando el niño juega está en contacto consigo mismo y con la libertad, desplegando una intensidad y dando lugar a una unidad de su vida interna y externa, es decir, la tranquilidad en movimiento y su creatividad sería una calidad de vida que le confiere su realidad. De esta manera el paciente creará al analista y el analista al paciente en un lugar de encuentro con ilusión y transfiguración, marcando el hito en el proceso de separación, diferenciación e individuación, dándose cuenta de la existencia de contrastes y que la subjetividad es inseparable de la distinción entre el símbolo (un pensamiento) y lo simbolizado (de lo que se piensa). Realidad que no excluirá lo imaginativo. (Marion Milner)

El paciente también va a tener que participar no solamente en la búsqueda de su propia interpretación, sino en la utilización de ella.

El proceso de regresión se da en un ambiente facilitante que conducirá a descongelar la situación del fracaso con una dependencia del paciente y del setting, produciendo el alivio necesario, la esperanza, y la sensación de un nuevo sentido de sí mismo (self) con independencia, capacidad del sentimiento de odio relacionado al ambiente inicial, la posibilidad de pulsiones que se expresan en una vitalidad y con la creación de un setting con espacio y límites que, a mi entender, tiene que ser interno.

El analista es capaz de disfrutar del crecimiento del paciente que descubrirá y creará su propia interpretación, reconociendo la necesidad que tuvo de la presencia y participación de aquél y expresándole su gratitud.

Para Winnicott el proceso se centra no en la sexualidad ni en la agresión, sino en la reacción del individuo ante condiciones adversas para el desarrollo, su tendencia vital sería buscar su supervivencia y bienestar. En mi opinión integraría estos conceptos con el paradigma freudiano de teoría instintiva dualista, la vida y la muerte como el transfondo del conflicto psicológico y la realidad del complejo de Edipo como inherente a la naturaleza humana y centro de la psicopatología.

Los conceptos no sólo deben ser expuestos, sino entretejerse con la estructura del sí mismo. De esta manera contactamos con algo verdadero, profundo y oculto de nuestro ser.

La vida es creatividad facilitada por la cópula auténtica de la plenitud del goce, orgasmo yoico y de la procreación del sense of "being", sentido de "ser", que devendrá en sentido de "hacer". De tal manera que la integración de lo instintivo y del ser es indispensable; ser y sentirse real es lo propio de la salud y de la otredad. El todo es más que la suma de las partes. Vivir es la expresión de una totalidad trascendente, corporal, ideológica, filosófica y ética.

Winnicott amplió el concepto de inconsciente que guarda privaciones muy precoces que el yo no puede registrar y menos aún reprimir.

La manera de recordar es que el paciente experimente por primera vez en el presente, en la transferencia, un hecho del pasado.

Si el analista y el paciente desarrollan una confianza básica permiten que la locura temida y vivida en el pasado, se pueda vivir como tal en la transferencia y que el paciente se haga dueño de esa experiencia, logrando una recuparación y un nuevo comienzo. Recrear su identidad.

Para Winnicott la cura analítica no sólo es hacer consciente lo inconsciente o lo reprimido sino que necesita un ambiente, una presencia y un marco confiable; agregaría, integrando los aspectos escindidos y disociados del self, como dice Rycroft.

Al analizar hay que tener plena conciencia de la enorme influencia de los aspectos ideológicos, filosóficos y éticos del analista (ideología inconsciente) y de esta manera intentar que no influyan en una forma determinante sino que se desarrolle la posibilidad de aceptar que el otro elija sus propios valores, su propia ética, etc. hasta donde sea posible. La mejoría incluye lo indispensable del sostener, la naturalidad de una atención libre y flotante.

Hay que evitar la crueldad y el sadismo del analista y usar el tánatos terapéutico (utilización creativa del tánatos). Aunque en ocasiones uno puede errar y hacer lo contrario de lo que se desea exponiéndose a lo iatrogénico. De ser así se intentará restituir el error.

La mutua y auténtica gratitud no debe surgir por motivos narcisísticos sino por lo que significa primordialmente, que es el beneficio de ambos, expresión de su desarrollo y de su capacidad objetal significativa y trascendente.

La libertad conduce a una responsabilidad de la existencia; salud mental es ecuación de vivir con plenitud, con pasión lúcida, coraje, dignidad, ética y amor, incluyendo lo tanático, por la cultura, por el conocimiento y por sentimientos genuinos por el sufrimiento humano. Disfrutar y gozar plenamente, como también ser capaz de sufrir saludablemente sin que el sufrimiento se desnaturalice o desvirtúe convirtiéndose en síntoma o enfermedad y pasando a ser sufrimiento patológico.

Para Winnicott no es solamente a través de la interpretación sino a través de cualquier suceso, que le permita al paciente darse cuenta de algo que no había percibido antes.

Para terminar quiero mencionar algo que comparto plenamente con este gran maestro, del cual tuve el privilegio de aprender en un trascendente vínculo personal, cuando dice: "La única compañía de que dispongo cuando me interno en ese territorio desconocido que es cada nuevo caso, es la teoría que siempre está conmigo, que se ha constituido en parte de mi ser y a la que ni siquiera tengo que recurrir de modo deliberado."

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