Biografías / Presentaciones

Comentario de Robert Rodman
sobre su próxima biografía de D. Winnicott

El siguiente es un comentario que, a partir de nuestro requerimiento, nos enviara el Dr. Rodman, compilador de las cartas de Winnicott (reunidas en el libro El Gesto Espontáneo). Rodman, además, es autor de Not Dying (No Muriendo) y Keeping Hope Alive: On Becoming a Psychotherapist. (Manteniendo la esperanza viva: transformándose en psicoterapeuta). Es psicoanalista de Los Ángeles, y miembro del Centro para Estudios Psicoanalíticos de Princeton, New Jersey, ambos en los Estados Unidos.

Dear Andres:

Good to meet you.  I got interested in Winnicott during my residency in psychoiatry at UCLA around 1960 and I sent letters to him asking for reprints (we did that in those days) and eventually sent him 2 papers I had written, to which he responded very thoroughly.  His work appealed to me in a fundamental way, largely, I think, because his approach was more natural and human than those I had been studying.  I tried and succeeded in behaving and thinking like the psychoanalysts whose work I studied, but Winnicott gave a freer rein to the deeply human qualities of the analyst. 

For example, Hate in the Counter-Transference confimed the existence of that emotion in the analyst and this was a very liberating idea.  That might have been the first paper of his I read.  I saw Winnicott only one time, at the British Society, in 1963, when he gave his paper on Communicating and Not-Communicating.  I had not yet begun my own psychoanalytic training and was spending 3 months at the Hampstead Clinic with Anna Freud, itself a tremendous privilege for a psychiatric resident.  Had I known then the extent to which I would study his work and benefit from it I would certainly have made an effort to meet him, but that was not to be.  In fact, I had been at St. Mary's Hospital Medical School in 1958, when I was a student, and had not heard of him at that point. Too bad, because he had his Paddington Green Clinic then and it was actually part of Mary's. 

I do not know about the special light, but I do know that many have described his presence as extraordinary, very largely I think because of his powers of concentration and dedication to his work.  It's clear that no one could have generated the depth and breadth of his contributions without such a characteristic intensity of focus and, at the same time, the courage to venture intellectually and emotionally where no analyst had ever been. 

My study of his life and work as part of the writing of his biography confirms this as a fact.  In a sense, the opposition that came from Melanie Klein and her followers, right up to the present day, is a perfect foil for Winnicott, since they present themselves as contemptuous and rigid, so certain that they are somehow right that they appear ridiculous by contrast. 

Winnicott knew all about the world of illusion, especially as it affected belief in theories of human psychology, and the Kleinians and others still think they are pursuing the objective truth at all times, or else it isn't psychoanalysis.  Winnicott had a humor that they lack, a human humor, I might say. I wrote a paper called "Winnicott's Laughter" by the way.  It is in a volume called "Humor and Psyche" edited by James Barron and published by the Analytic Press.

I do hope these answers wll be of interest to your readers.

Sincerely,  Bob Rodman

20 may 2002

Querido Andrés

Gusto en conocerlo. Me interesé en Winnicott a partir de mi residencia como psiquiatra en la Universidad de California de Los Angeles, alrededor de 1960, y le envié cartas pidiéndole copias (eso es lo que hacíamos en esos días) y eventualmente le mandé un par de escritos que tenía a los cuales respondió muy acabadamente. Su trabajo me llamó (me resonó) de una manera muy fundamental, creo que porque su aproximación era más natural y humana que las de aquellos a los que estaba estudiando. Traté, con éxito, de pensar y comportarme como uno de los psicoanalistas a quienes estaba estudiando, pero Winnicott me ofrecía una guía más libre hacia las profundamente humanas cualidades del analista.

Por ejemplo, Odio en la Contratransferencia confirmó la existencia de esa emoción en el analista y esto constituyó una idea muy liberadora. Ese debe ser el primer trabajo que leí de él. Vi a Winnicott una sola vez en la Sociedad Británica en 1963 cuando presentó su trabajo Comunicación y No Comunicación (o Comunicándose y No Comunicándose). Todavía no había empezado mi entrenamiento como analista y estaba pasando 3 meses en la Clínica Hampstead con Anna Freud, en si mismo un enorme privilegio para un residente de psiquiatría. Si hubiera sabido lo que iba a dedicarle al estudio de sus trabajos, y beneficiarme con ellos, seguramente habría hecho más esfuerzos para encontrarme con él, pero el destino no quiso que así fuera. Es más, estuve en la Escuela (universitaria seguramente) Médica del Hospital Saint Mary en 1958, cuando era un estudiante y no había escuchado hablar de él hasta en ese momento. Lamentable, ya que él tenía su Clínica Paddington Green y de hecho era parte del Saint Mary.

No se de su especial luz [se le preguntó si acordaba con quienes decían que Winnicott tenía un brillo personal especial]. Pero sí recuerdo que muchos describían su presencia como extraordinaria, creo en parte por sus poderes de concentración y dedicación en su trabajo. Está claro que nadie podría haber generado la cantidad y profundidad de sus contribuciones sin esa intensidad característica en el enfocar, y al mismo tiempo, el coraje de aventurarse intelectual y emocionalmente allí donde ningún analista hubiera estado antes.

Mi estudio sobre su vida y su trabajo para poder escribir su biografía, confirma este hecho. En un sentido, la oposición que tuvo de Melanie Klein y sus seguidores, hasta el presente, es una perfecta ventaja desde que ellas se presentaron como "irrespetuosas" y rígidas, tan cierto que tienen en cierta manera razón de que aparecen como ridículas por contraste.

Winnicott conoció todo sobre el mundo de La Ilusión, especialmente en todo aquello que influyó en las teorías de la psicología humana, y los kleinianos y otros, todavía piensan que son ellos quienes persiguen (y llegan a) la verdad objetiva en todo momento, o, de otro modo, todo lo demás, no es psicoanálisis. Winnicott tenía un humor que a ellas (kleinianas) les faltaba, un humor humano podría decir. Escribí, a propósito, un trabajo sobre La Risa de Winnicott. Se encuentra en un volumen de Humor y Psique editado por James Barron y publicado por Analytic Press

Espero que todas estas respuestas puedan interesar a sus lectores.

Cordialmente

Robert Rodman

20 de mayo de 2002

Traducción libre de Andrés Nelken

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